Prácticamente ni se le había visto. Parecía que Saviola no podía ante la envergadura de Thuram, Ferrara y Montero. Dio la sensación incluso que el pibito, por culpa de su fragilidad, tendría problemas. El argentino estuvo desaparecido en la primera parte y, en la segunda, apenas había intervenido en el juego. Pero llegó el minuto 77, Kluivert dio un pase a Reiziger, centró y Saviola se coló entre los dos gigantes. Se hizo con el balón y lo empujó hasta la red ante la inútil estirada de Buffon. "Casi tuve que soplar el balón porque me venía con rosca. El gol fue importante y ojalá nos sirva para la vuelta", afirmó exultante Saviola. "El equipo jugó un gran partido. Quizá no mucho en fútbol, pero sí en cuanto a lucha y marca".
Saviola hizo lo que, al fin y al cabo, se le pide a los grandes jugadores: que expriman al máximo sus ocasiones. Sólo tocó 25 balones y su único chut a puerta fue gol. "No ha estado a la altura de sus posibilidades, pero ha encontrado la recompensa a su perseverancia. Ha tenido su premio y ha merecido el gol", resumió radiante Radomir Antic, que vaticinó que que el Barça llegará a semifinales. El yugoslavo perdió el sábado en Villarreal la imbatibilidad en la Liga y estuvo a un paso de truncar la racha europea (trece victorias y y un empate hasta ayer). Pero se reencontró en el momento justo con su jugador talismán. Decaido con Louis Van Gaal, el pibito resucitó con la llegada del yugoslavo: marcó siete goles en ocho partidos, pero en los últimos cuatro estuvo peleado con el gol. Saviola reapareció justo cuando más lo necesitaba el Barça, que se veía abocado a una titánica noche europea con la suerte del club pendiente de un hilo. Enric Reyna, el presidente, que mantiene su sueño de seguir en el cargo si gana el título, suspiro aliviado en Delle Alpi. El pibito no falló: dijo al aterrizar en Turín que estaba ante uno de los partidos más trascendentales de su vida y que el Barça, como poco, debía lograr un gol y lo logró.
El empate le da vida al club azulgrana, que afronta un mes crucial: jugará en la Liga ante Deportivo, Madrid y Real, y recibirá al Juventus. El gol de Saviola, el séptimo en este torneo, fue acogido con euforia por los 600 seguidores que estuvieron en Turín. Pero la imagen de la afición del Barça quedó manchada por unos pocos: un grupo de radicales encendió 13 bengalas antes del inicio del partido, provocando una densa humareda que cubrió el césped. El árbitro se quejó al capitán Puyol porque tuvo que retrasar unos segundos el inicio del juego. El fuego no hizo predecir nada bueno hasta que apareció el pibito para empatar y mantener la racha (13 victorias y dos empates) del Barça.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de abril de 2003