Dos perros policías -Rufo, un cocker de ocho años experto en explosivos, y Urdin, un pastor alemán de cinco años especializado en el rescate de personas- fueron los encargados de probar las instalaciones del gimnasio canino al aire libre que se abrió el pasado martes en el parque Juan Carlos I y que permitirá a las poco deportivas mascotas urbanas hacer ejercicio.
A partir de ahora, los perros caseros pondrán a prueba su vaguería en unas instalaciones pioneras en la capital. El circuito de adiestramiento ocupa una hectárea. Consta de un pórtico de entrada de dos metros de altura; un balancín con eje central de giro; un aro de salto de 50 centímetros y un circuito de eslalon con obstáculos de diferentes alturas, vallas para saltos y una rampa de escalada de más de un metro de altura. Pronto se añadirá otra rampa más baja para los perros pequeños. Junto al circuito hay fuentes y un apartado con arena para sus necesidades, con las correspondientes bolsitas para recoger las muestras. Este gimnasio canino, de entrada gratuita, estará abierto de siete de la mañana a once de la noche, y en verano se ampliará el horario.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de abril de 2003