Con la muerte de dos periodistas españoles hemos puesto nombres y apellidos a las víctimas de esta espantosa y absurda guerra. Si todas las guerras son espantosas, ésta lo es más porque nos mantiene semiimpasibles ante imágenes de destrucción y muerte que diariamente nos presenta la televisión como si se tratara de un telefilme.
Esta odiosa guerra está repleta de hipocresía, mentiras, medias verdades y eufemismos para ocultar la realidad y en contra de una opinión pública muy mayoritaria. Me siento avergonzado y temeroso de que la euforia del reparto del "botín", el discurrir de los días y la inestimable ayuda de los medios informativos al servicio de nuestros gobernantes irán borrando poco a poco de nuestra memoria la cruda realidad de nuestra experiencia.
Qué así no sea.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de abril de 2003