Se piensa otra vez en el futuro, que había perdido gran parte de su ligereza fantástica. Algunos trabajan en él: dejémosles, tratan de inventar una realidad. He visto nacer un cierto número de albas nuevas y tengo la esperanza de que esta era que inaugura Bush sea la última que me corresponda. Vi la República, oí luego cantar que "En España empieza a amanecer", vi triunfar a Franco, vi la curiosa Transición y el regreso de la Democracia en una Constitución fastidiosa. Vi cambiar el ordinal de las repúblicas en Francia, crear el Nuevo Orden y el Reich (imperio) de Mil años por Hitler, y hacer las Naciones Unidas a partir de una bella carta; y los sóviets y los koljoses de la Unión Soviética. No creo que todo haya pasado en balde; cada gran momento -bueno o malo- deja sus huellas, de forma que el futuro estaría compuesto de remiendos y zurcidos: como lo está el presente. Palabras, palabras, palabras. En los años en los que empecé a mirar con asombro y, claro, miedo -no hay nueva aurora sonrosada que no ilumine una tapia de cementerio donde se fusila- se hundieron los últimos imperios europeos -Francia, Alemania-, quedaron tres con aspiraciones mundiales -Alemania, Rusia, Estados Unidos-, desapareció el primero con todos sus corpúsculos -los fascismos-, luego el segundo, del que aún quedan nomenclaturas en algunos países; y ahora en el imperio único, que compendia todas las civilizaciones anteriores, se repite otra vez el canto del gallo al amanecer: una nueva Era, dice el Bush de turno: y su corral le corea, desde los gigantes que le rodean hasta los que aspiran a ser concejales de pueblo en la lejana provincia: creen en la muerte del pensamiento (si es único, es un muerto) y en el final de la Historia.
Suponen que unos niños sin piernas ni brazos, unas tribus chiitas, sunitas o kurdas peleándose por el poder como era en un principio -allí, en Mesopotamia-, una incursión probable en Siria y lo que consideran una lección militar británica en el arte militar para la toma de Basora son, ya, el principio del Orden Nuevo. O del Thousand Years Empire, en lugar del Reich de Mil Años: que sería, más o menos, igual. Tienen ya sus escribas creando las leyes nuevas, tras violar las antiguas: el derecho viene siempre a bendecir la transgresión a cañonazos, a transmutarla. Y los beduinos corren hacia el desierto. A esperar otra vez. Pero ahora les ven los helicópteros. Y como ya se sabe que no hay Dios...
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de abril de 2003