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OPINION DEL LECTOR

Mi banco me maltrata

Soy mujer, tengo dos hijos y trabajo desde hace casi 20 años. Me creo formal en mi trabajo, ya que me educaron en esa línea y he procurado ser una persona honesta y honrada, simplemente por no alterar la opinión que tengo de mí misma. Aunque para el resto del universo esto no valga nada, para mí es todo lo que poseo y éste es el rasero con el que mido todos mis actos.

Desde el principio de mi actividad laboral tengo una cuenta corriente, de forma que un cajero automático y yo somos uña y carne desde tiempo inmemorial.

El pasado jueves por la tarde me dirigí a uno de ellos para solicitar 200 euros con cargo a mi cuenta corriente. Cuando salieron tres billetes de 50 euros sufrí un impacto emocional debido a la fulminante sensación infalible de que alguien o algo me estaba tomando el pelo.

A pesar de que mis cinco sentidos habían apreciado a la perfección lo que había ocurrido, como me gusta cerciorarme de los "fenómenos extraños" comprobé que el billete que faltaba no había caído en algún lugar. No.

Miré dentro de la oficina. Todo apagado. Los asientos vacíos. Lo lógico a las 18.06 horas. Pero, poseída como estaba por mi enorme indignación, y como sé que siempre hay alguien haciendo guardia, llamé con los nudillos en los cristales que me separaban de las oficinas y cometí la tremenda estupidez de interrumpir la conversación telefónica que, en ese momento, estaba manteniendo el director de la sucursal.

¡Qué osadía! Le expliqué lo que me acababa de ocurrir y, con una falta de tacto que más bien fue de educación, se encogió de hombros a la vez que se abrió de manos. Es decir, me daba la misma respuesta que me hubiera dado cualquier otra persona que hubiera pasado por la acera. ¿Así de inútil se sentía ese individuo para solucionar un problema de su banco? ¡Qué pena de banco!

Como le exigí una reacción en algún sentido, de mala gana, fue a buscar un papel y anotó mi nombre y número de cuenta, asegurándome que al día siguiente me llamaría alguien. Yo suelo dudar de quien me dice esto sin tomar mi número de teléfono, se lo indiqué. ¡Por fin le dejé tranquilo!

En ese momento, un usuario del cajero entró y a pesar de que le expliqué mi situación, por si tenía a bien mostrar claramente su operación, no lo hizo. Dijo "vale", pero no me mostró más que su espalda. Sacó dinero, dijo que estaba bien y se marchó con la mirada gacha.

Al día siguiente, según me informó el banco, el arqueo de caja cuadró y a esta mujer trabajadora le escuece que se cuestione su honradez. ¿De qué sirve el circuito cerrado de televisión que nos observa todo el tiempo?

Sólo tengo dos opciones, o el trabajador bancario que cuadra la caja mintió o el individuo que utilizó el cajero detrás de mí me robó 50 euros en mis narices.

El banco, los bancos nos han vuelto a humillar. La sociedad, si nos da la oportunidad, ¿nos convierte a todos en ladrones?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003