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COLUMNA

Arcilla valenciana

Que dice Víctor Campos, delfín de Carlos Fabra y cabeza de lista de Castellón en las elecciones autonómicas, que muchos ciudadanos y los medios de comunicación tuvieron puesta la atención, durante los últimos meses, en cuestiones que no se van a decidir el 25 de Mayo. Y quizás no le falte del todo la razón, que, al cabo y al fin, el vecino o la vecina de Crevillent, Benagéber, Fredes o el Villar, no van a decidir con su voto la salida de las tropas ocupantes de la vieja Mesopotamia o una paz justa y duradera para los pueblos del Oriente cercano y maltratado, incluidos entre esos pueblos el hebreo y el palestino, alfa y omega de todas las batallas. Pero que, quiérase o no, en la urna introduce el vecindario casi siempre no pocos sentimientos, emociones y formación política o cultural, y el candidato conservador del PP, le sobra experiencia política para aceptar que el apoyo de su partido a iniciativas bélicas ha originado no poco desagrado también entre el voto moderado de derechas, y que ese estado de ánimo puede y debe tener una traducción electoral como la ha tenido en la insular Gran Bretaña. Aunque la formación cultural y los sentimientos no se circunscriben únicamente al tema de los misiles y la muerte. En el prólogo de Paratges màgics de la Comunitat Valenciana, editado por la Bancaixa de aquí, nos indican sus autores, Rafael Cebrián y Francesc Jarque, que sentimientos, emociones y cultura están estrechamente relacionados con la percepción del paisaje. De un paisaje valenciano descrito con un texto selecto por Cebrián y fotografiado de forma magnífica por Jarque. Un paisaje que discurre desde el Portell de l'Infern y el Barranc del Salt en la norteña Tinença de Benifassà hasta El Pas de la Rabosa y Els Avencs del Partegat en la alicantina Serra d'Aitana. Unos parajes naturales que se hallan por doquier en La Costera, L'Alt Vinalopó o El Baix Maestrat que se perciben como valores propios y cuya percepción está relacionada con el sentido del voto de los vecinos. Eso debe saberlo el candidato de derechas Víctor Campos, lo mismo que debe conocer el avance del Plan de Ordenación de Recursos Mineros del sector de arcillas de la Comunidad Valenciana. Un plan presentado por su partido y que está en fase de exposición pública. Un plan que, caso de entrar en acción, pondrá en peligro brezo y tejo, águila de pecho blanco y no poco patrimonio arqueológico o rupestre, y que causará no pocos daños colaterales al turismo del interior, a la ganadería y a quienes ayudan sus economías familiares con la recolección de la trufa. Aquí existe una real experiencia al respecto que Campos tiene al alcance de la mano. Sin ir más lejos en Sant Joan de Moró y en Vilafamés: la extracción descontrolada y sin cuidado de la necesaria arcilla nos hizo perder un retazo natural de nuestro suelo. El Mollet, pico referencial en cuanto a valores medioambientales se refiere, es testigo mudo del desaguisado. La oposición en bloque -mal llamada coalición de izquierdas por la derecha gobernante-, y los grupos ecologistas,tan necesarios e imprescindibles en ámbito valenciano, han puesto el acento y sus alegaciones en contra de ese plan. Y no es que estén en contra de la tierra con silicato de alúmina hidratado que utilizaron los alfareros y utiliza la industria cerámica; es que saben de sentimientos del vecindario, de descontrol en la extracción de nuestra arcilla y de desastres medioambientales sobre los que no pone su acento la derecha de siempre, que es la de Víctor Campos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003