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COLUMNA

Ebro

Convergència i Unió tiene la llave del trasvase del Ebro y se dispone a arrojarla a las aguas del Delta. Sólo con establecer un caudal ecológico más alto, como anunció el conseller en cap, Artur Mas, el trasvase "habrá quedado definitivamente muerto". Por eso el pasado día 24 los representantes del Gobierno central no acudieron a la reunión en Amposta del Consorci per a la Protecció Integral del Delta de l'Ebre donde estaba previsto fijar el aporte mínimo necesario para preservar el parque natural en la desembocadura del río. El PP y CiU viven momentos de desencuentro. Los populares votaron hace unos días en el Parlamento de Cataluña contra el Ejecutivo de Jordi Pujol en la reforma del sistema de elección de los Consells Comarcals, entidades clave hasta ahora para sostener el poder territorial de los nacionalistas catalanes. Y lo hicieron al lado de los socialistas de Pasqual Maragall, la Esquerra Republicana de Josep Lluís Carod-Rovira y la Iniciativa per Catalunya-Verds de Rafael Ribó y Joan Saura, sumándose sin complejos a ese "barullo" que tanto ha denostado Aznar. Queda claro, pues, que la viabilidad del trasvase no depende tanto de la supuesta oposición que los socialistas estarían ejerciendo ante la Unión Europea para bloquear su financiación como de la fragilidad estratégica con la que el PP ha querido sacar adelante el Plan Hidrológico Nacional, enfrentado a media España. Los aliados que lo apoyaron recomponen su política ante la pérdida de poder que se avecina y el próximo gobierno de Cataluña, si las encuestas aciertan, será todavía más reacio. Lo que lleva a los populares a amenazar con una rectificación de su propia ley para quedarse todavía más solos en un asunto de tanta envergadura. Toda la demagogia desplegada por el PP contra el PSPV a propósito del trasvase (¿se acuerdan de la manifestación de las paellas?) se disuelve en una perplejidad que el presidente valenciano, José Luis Olivas, no pudo disimular cuando calificó de "inexplicable" el cambio de postura de CiU y lo atribuyó a un "oportunismo político ante las próximas elecciones", sin aplicarse aquel viejo refrán: Li diu el mort al degollat, qui t'ha fet eixe forat?.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003