El Alavés sigue en caída libre y sin paracaídas. Ya son diez jornadas seguidas sin ganar, cinco sin tan siquiera marcar un gol. Lo ha intentado todo. El último parche de urgencia fue el relevo en el banquillo. Por primera vez en seis años Mané no dirigió al Alavés, lo que deja una extraña sensación de injusticia. Finiquito, carpetazo y a pasar página.
Y la siguiente página, pese a algunos cambios en el guión, se escribió de forma parecida a la anterior. Atenazaron los alavesistas al Celta, no le dejaron sacar el talento que lleva dentro, pero tampoco supieron romper el empate a cero. El Celta terminó conformándose. Al fin y al cabo, de un partido mediocre saca un punto más al Valencia en su duelo particular hacia la Liga de Campeones.
ALAVÉS 0 - CELTA 0
Alavés: Dutruel; Karmona (Geli, m. 75), Abelardo, Téllez, Llorens; Helguera, Astudillo; Magno (Ilie, m. 60), Pablo, Iván Alonso (Jordi Cruyff, m. 79); y Rubén Navarro.
Celta: Cavallero; Velasco, Sergio, Berizzo, Juanfran; Luccin, José Ignacio; Ángel, Edú (Catanha, m. 70), Gustavo López (McCarthy, m. 82); y Mido (Mostovoi, m. 75).
Árbitro: Undiano. Amonestó a Luccin, Abelardo, Ilie, Helguera, Geli y Juanfran.
16.786 espectadores en Mendizorroza. Una tormenta de granizo mojó el césped a la media hora de juego. Se desplegó en la grada una pancarta que decía 'Mila ezker, Mané' (Mil gracias, Mané).
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Hubo baile de puestos en el Alavés. Karmona de lateral, Iván Alonso en la banda izquierda, Pablo adelantado... Muchos cambios en busca de una reacción que se hace esperar y que llena de nervios Mendizorroza. Pero el resultado no fue muy diferente del Alavés de la era Mané. El equipo ganó en agresividad, que no violencia. Los estados de necesidad, tras las decisiones traumáticas, suelen tener esa primera consecuencia. Mejoró la táctica en los saques de esquina y aumentó su producción en ataque. Pero el resultado fue el mismo del último mes. Sigue sin marcar un solo gol. Y en su situación, el mínimo exigible está en ganar los partidos de casa.
El Celta no aplicó la táctica raquítica de los anteriores visitantes de Mendizorroza. No se enclaustró en su terreno en busca de la impaciencia alavesista. Prefirió un fútbol más abierto, que dio a los dos equipos posibilidades más que sobradas de marcar, sobre todo al Alavés. El equipo vitoriano lo intentó todo. Rubén Navarro golpeó el balón contra el palo; Ilie, de nuevo en el equipo, aportó la fantasía y el peligro constante en un equipo constreñido. Pero nada cambió en lo único que ya importa, el resultado.
El empate es un resultado muy corto a estas alturas del campeonato por más que los rivales del Alavés no anduvieran sobrados en sus respectivos partidos. Quizá le supo mejor al Celta. Un punto para ellos si tiene algún significado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003