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Reportaje:BALONCESTO | NBA

Todos quieren ser Jordan

Las grandes estrellas exhiben números estelares en su intento por tomar el relevo de 'su majestad'

El traspaso oficioso pudo concretarse el pasado 17 de abril en la cancha de los 76ers de Filadelfia. En uno de esos corredores de los polideportivos que huelen a vaselina, reflex y jugadores sudados o recién salidos de la ducha. Michael Jordan, el más grande de todos los tiempos sobre una cancha de baloncesto, departía con los periodistas sobre su despedida definitiva. Tenía uno de esos elegantes puritos sobre la boca. Estaba diciendo que se marchaba y que estaba tranquilo porque la antorcha del mejor baloncesto quedaba en buenas manos. En una esquina, apartado, escuchaba arrebolado Allen Iverson. Le acababa de batir, apear de los playoffs y enviar precipitadamente al templo de los elegidos. A los tres días, Iverson aprovechó su duelo ya en primera ronda de los playoffs contra los Hornets, de Nueva Orleáns, para clavar 55 puntos y escribir un capítulo en la historia de la NBA.

"Al genio le disputan el trono Bryant, McGrady, O'Neal, Garnett, Dirk Nowitzki, Pierce..."

Las grandes estrellas del circo se han dado por aludidas y han explotado sus mejores recursos en el momento de la verdad con muchos mejores promedios que durante el curso regular. Algunos los han duplicado. Y Iverson no está solo en ese desafío. Al contrario. No es un momento de duelo para la NBA. Al aura dorada de Jordan le disputan el trono muchas y tan variadas opciones como Kobe Bryant, Tracy McGrady, Shaquille O'Neal, Kevin Garnett, Dirk Nowitzki o Paul Pierce. Casualmente o no, los siete primeros en la lista de anotadores.

El siempre risueño Magic Johnson o el gordo Charles Barkley lo comentan muchas noches en sus caóticas y divertidas tertulias televisivas en el programa estrella de la TNT que tiene la exclusiva sobre las eliminatorias. Es la hora de las superestrellas. Hay muchos buenos jugadores en la NBA. Pero los playoffs están pensados y montados para los más grandes. Se ha ido al fin MJ y hay que buscar sustituto. Parecía imposible, pero el milagro se ha obrado.

Seguramente nunca se repetirá un fenómeno como el de Jordan, que aún dispone, entre otros, del récord de mayor anotación en un encuentro de los playoffs con 63 puntos en 1986, pero probablemente tampoco habrá muchos años con una cosecha tan amplia y diversa de posibilidades. Iverson, por ejemplo, se encaramó esa noche a la exclusiva lista de sólo cinco jugadores que han metido más de 55 puntos en un partido de la fase final. Y no fue solamente una explosión de talento. Iverson va a terminar este primer recodo en el camino con más de 30 puntos de media.

Iverson y Dirk Nowitzki, además, y pese a sus inmensos recursos, no han podido superar la primera escabechina fácilmente. Han tenido más dificultades de las esperadas. Iverson tuvo problemas ante los Hornets y el alemán aún está enfrascado en la eliminatoria con Portland. Pero nada puede empañar, por ahora, el papel jugado por Nowitzki. Algunos se atreven a cuestionar al jugador alemán porque dicen que sólo sabe tirar. No es cierto. Tira de maravilla, es verdad. Mete cada noche normalmente 35 puntos con una facilidad inusitada y con magníficos porcentajes. Pero contribuye, además, a liderar al equipo en rebotes y robos de balón. Y lo que es aún más importante, a proporcionarle un espíritu incansable y ganador. No está en la categoría especial de los 29 jugadores de 19 países extranjeros que empiezan a generar otro lenguaje en la NBA. Quiere disputarle el orgullo, por ejemplo, a Bryant.

Ningún jugador en activo puede dibujar bajo los aros las piruetas animadas de Bryant. Sus promedios también superan los 30 puntos por encuentro (31,8) y, como la semana pasada, en el último duelo que despachó a los Minnesota Timberwolves de Kevin Garnett, imagina algunos pases imposibles. Le traiciona su evidente egoísmo, pero el primer beneficiado de sus genialidades suele ser el imparable gigante Shaq O'Neal. Se perdió muchos minutos de la liga regular, pero Shaquille ya avisó entonces que cuando de verdad se le requiriera estaría en su lugar: destrozando las zonas rivales. Acaba de ser padre y todos en la NBA, entrenadores y jugadores adversarios, se plantean cómo defender a la mole que persigue el cuarto título consecutivo para los Lakers.

No parece sencillo, pero no hay mejor defensa posible ahora mismo contra O'Neal que la que pondrán en escena los Spurs de San Antonio en su esperada revancha de las semifinales del curso pasado. Ahí estará ni más ni menos que Tim Duncan, que mete puntos, atrapa rebotes, concede asistencias y deambula por toda la pista con una pachorra desconcertante. Pero, también, el ex marine David Robinson, que se retira esta temporada a sus 40 años; o Malik Rose; o Manu Gibolini; o Stephen Jackson. Un equipazo contra el que poco pudo hacer la potencia de Amare Soudemire, el novato del año y un auténtico regalo para el futuro de los Suns de Phoenix.

Todos los ingentes recursos excedentes en la Conferencia Oeste, especialmente en el territorio pesado de los pivots, hay que buscarlos con otro tipo de lupa en el Este, donde Jason Kidd, el explosivo base de los New Yersey Nets, ha vuelto a marcar la pauta. En canastas, en pases, en mala leche. Los Nets, como favoritos de este lado del Atlántico, tienen además a un Kenyon Martin en su mejor forma. Las sorpresas podrían haber saltado, por el lado individualista, en la fuente de canastas sin fin que aporta cada día Tracy McGrady, pero los Magic cayeron con Detroit. Aunque la novedad más agradable la han facilitado ya los Boston Celtics, reconstruidos sobre el cemento de las habilidades de Paul Pierce, al dejar atrás a Indiana Pacers.

Cuando los expertos vaticinan el futuro de la NBA, ahora apuestan con una baraja no marcada. A la que el próximo 26 de junio, cuando se repartan los puestos de selección de los nuevos fichajes, se incorporarán el fenómeno mediático Lebron James, el campeón del torneo universitario de este año Carmelo Anthony y el factor sorpresa del serbio Darko Milicic.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003