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LA VISITA DEL PAPA | Canonización multitudinaria en Madrid

Juan Pablo II convierte la plaza de Colón en "un templo" para un millón de fieles

El Papa oficia una misa de canonización, su segundo acto multitudinario en la visita a España

No hubo misa de 10 ayer en las iglesias de Madrid. En su lugar se celebró una sola ceremonia en la plaza de Colón, convertida en "un gran templo donde se ha cantado con entusiasmo", según las propias palabras del papa Juan Pablo II. Ese templo fue un recinto abierto que rodeó un enorme escenario blanco donde acudieron cientos de miles de fieles (un millón, según la Delegación del Gobierno) dispuestos a resistir el calor, la aglomeración y lo que hiciera falta. El Papa se despidió, después de la ceremonia religiosa, con un "adiós, España".

Fue una nueva demostración de fuerza. Dos pancartas en las torres de Jerez ocupaban 16 pisos cada una y la fachada del edificio de Colón estaba cubierta en su totalidad por la imagen de los cinco españoles que iban a ser canonizados. 35.000 sillas fueron dispuestas para atender a los invitados. Y 1.500 sacerdotes distribuyeron la comunión por todo el recinto, para lo que necesitaron 500.000 hostias. 26 microbuses les desplazaron a los puntos más lejanos.

Naturalmente, la ceremonia incluyó una costumbre muy española. Se hizo colecta. Unos 500 jóvenes provistos de unas bolsas de tela numeradas pasaron el cepillo entre la multitud. La recaudación será íntegra para el Papa, "para que la destine a la Iglesias más necesitadas", informó por megafonía y con candor uno de los postulantes. La ceremonia duró cerca de tres horas y contó con la presencia de las más altas autoridades de la nación.

Salvo los Reyes, que gozaron del privilegio de estar bajo techo, el resto hubo de aguantar el sol que caía a plomo sobre Madrid y combatir temperaturas de 23º o 25º, según marcaban los termómetros de la plaza de Colón, aunque 400 metros más allá, en la intersección de las calles de Goya y Serrano, el mercurio subía hasta 30º. El Samur-Protección Civil tuvo trabajo, aunque no tanto como el sábado en Cuatro Vientos. Se distribuyeron bolsas de agua potable suministradas por el Canal de Isabel II.

Amanecer concurrido

A las seis de la mañana era todavía de noche, pero las inmediaciones de la plaza de Colón ya eran un hervidero. Uno de los primeros grupos que se instalaron, casi cuatro horas antes de que comenzara la misa, llegó desde Alcira (Valencia). Eran 150 fieles de la parroquia Virgen de Lluch, expertos en peregrinaciones. Así lo confirmaron Deborah y José Vicente, de 16 y 21 años, respectivamente.

"Hemos ido a Toronto (Canadá), Roma y Sevilla a ver al Papa. Hemos sido prácticamente los primeros en llegar, así que hemos decidido coger sitio aquí, debajo de unos árboles y frente a una pantalla gigante de televisión. En estas cosas es la única forma de verle", explica José Vicente.

Mientras los feligreses descansaban tirados en el césped del paseo de Recoletos o sentados en sillas de playa, la entrada del Centro Cultural de la Villa, bajo la estatua de Colón, se convertía en improvisada sacristía. Centenares de sacerdotes procedían a revestirse con casullas de un blanco inmaculado, que llegaron al recinto embaladas en cajas de cartón.

Las televisiones instalaban sus cámaras y, entre ellos, estaba la NSE y sus insólitos reporteros con sotana negra y crucifijo en el pecho. La NSE distribuye imágenes en países de Iberoamérica y también las sirve a algunas congregaciones religiosas españolas. NSE no es otra cosa que las siglas de Nuestra Señora del Encuentro.

Las vallas estaban instaladas puntualmente, pero nadie había tomado la precaución o tenido tiempo suficiente para suprimir la publicidad de una marca de arroz que parecía convertirse, de este modo, en patrocinadora de la ceremonia. Fueron las mismas vallas que se utilizaron durante el reparto de una multitudinaria paella durante las celebraciones del centenario del Atlético de Madrid.

Conforme se acercaba el comienzo de la ceremonia, las fuerzas de seguridad fueron volviéndose más rígidas y ello motivó algunas tímidas quejas. Muchos se dieron cuenta de que quienes habían llegado más temprano eran destinados a los lugares más alejados. Y los privilegiados, sin necesidad de bocadillos u horas de espera, vestidos de domingo, con peineta y mantilla, podían acceder a la zona de invitados, la más cercana al altar. Pero la presunta discriminación no causó mayores protestas. Como sucediera el sábado, los fieles sólo tenían un objetivo, ver al Papa. Las penalidades del momento no eran más que pequeñas dificultades que ponían a prueba su fe.

La ceremonia dio también para las notas de sociedad, gracias a la presencia de la familia real, el Gobierno casi en pleno y personajes de fácil identificación, caso de Carmen Sevilla. Ocuparon lugar destacado José Joaquín Martínez, quien logró salvarse de la pena de muerte en Florida, y sus padres. Los muy observadores pudieron apreciar los detalles.Por ejemplo, Aznar no cantaba, pero Ana Botella sí. Ana Botella comulgó; Aznar, no. Y cuando llegó el líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, algunos le recibieron con una pitada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003