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LA VISITA DEL PAPA | Las reacciones políticas

Los santos contemporáneos

Cuando el 2 de marzo de 1932 murió en Sevilla sor Ángela de la Cruz, el Ayuntamiento republicano de la ciudad le rindió tributo y acordó, en sesión plenaria, poner su nombre a la calle de los Alcázares. También tiene avenida lujosa en el Madrid de los ejecutivos, en la zona de Cuzco, pero eso ocurrió mucho más tarde,durante la dictadura del general Franco. Sor Ángela se llamaba realmente María de los Ángeles Guerrero González, fue zapatera antes que monja y fundó la Compañía de Hermanas de la Cruz. Quienes la conocían la llamaron siempre "la madre de los pobres", seguros de que algún día sería reconocida como santa por las autoridades católicas a poco que Roma escuchara las plegarias de sus fieles. Ocurrió ayer y cuando en la plaza de Colón el cardenal Saraiva citó su nombre en el acta oficial de los canonizables se escuchó el aplauso más prolongado de la mañana. La santa era andaluza.

El Papa ha tenido buen olfato en estas canonizaciones, y no sólo con sor Ángela de la Cruz. Tan popular como ella, e igualmente fundadores de congregaciones de arraigo y prestigio en el mundo de la caridad cristiana o la enseñanza religiosa, fueron el padre Pedro Poveda, asesinado por ser católico famoso en los primeros días del golpe de Estado de 1936; el padre José María Rubio, un santo dedicado a los pobres en los arrabales de Madrid; y las entrañables Genoveva Torres, pobre ella misma de solemnidad desde su nacimiento, y María Maravillas, la mística madre Maravillas que fundó conventos hasta en la India para ser algo más que su predecesora descalza, la santa Teresa de Jesús que se encontraba con Dios cada día hasta en los pucheros.

Los fundadores

Tres de estos nuevos santos son andaluces (Poveda, Ángela de la Cruz y Genoveva Torres), y cuatro fueron fundadores, lo que, al margen de su valía intelectual, evangelizadora o proselitista -para fundar una orden hay que tener seguidores incondicionales, tal vez más que los doce con que empezó el fundador del catolicismo, Jesús de Nazaret-, explica la celeridad con que en los últimos años acceden a los más altos altares de la catolicidad eclesiásticos como san Josemaría Escrivá de Balaguer o Teresa de Calcuta, y pronostica que a otros, que están en la mente de todos en España, les ocurrirá lo mismo tras su muerte.

En cambio, santos proclamados espontáneamente por el pueblo, como el papa del Concilio Vaticano II, Juan XXIII, el obispo mártir de El Salvador Óscar Arnulfo Romero, y tantos otros -fray Bartolomé de Las Casas, la misma Isabel la Católica, por citar entre españoles-, que son ya solitarios, van quedando marginados sin día en la ahora muy atareada Congregación de las Causas de los Santos. Con las canonizaciones de ayer, el papa Juan Pablo II, que es ya el cuarto pontítice más longevo en la sede romana -tras san Pedro, Pío IX y León XIII- lleva ya canonizados tantos santos como todos sus predecesores juntos (1.460), de los que 260 son españoles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003