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Crítica:LAS VENTAS | LA LIDIA

Arrojo y corazón de Luis Bolívar

Igualó Luis Bolívar al novillo en los medios, arrojó la muleta al suelo, y se tiró a herir con la mano que torea desnuda. Salió trompicado, pero a la postre indemne, y el torito castaño rodado de los vuelos de un corazón torero que puso a la plaza en pie. En su primero Bolívar aguantó con arrestos al del Ventorrillo, avisado y peligroso. Intervino toda la tarde en quites vistosos y de indudable plasticidad. Y le recetó al sexto una faena desigual, templada a veces, de cercanías, que empezó sin preámbulos citando con la mano izquierda. Al final vendría el estoconazo de angustia y desesperación.

Andrés Palacios dejó esfumarse una oportunidad especial en su primero, en donde dio buenos muletazos, pero sin cruzarse y además sin rematar. Y con su segundo no se entendió. Algo parecido le ocurrió a Jesuli de Torrecera, que no se acopló a ninguno de sus dos manejables novillos. En su haber unos hondos y templados doblones de tanteo en su primero, muletazos que en su memoria guardará.

Ventorrillo / Torrecera, Palacios, Bolívar

Novillos de El Ventorrillo, bien presentados, que dieron buen juego; 2º con clase; 3º peligroso. Jesuli de Torrecera: aviso y silencio; aviso y silencio. Andrés Palacios: aviso y silencio; silencio. Luis Bolívar: silencio; oreja. Plaza de Las Ventas, 4 de mayo. 4º de miniferia. Casi lleno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003