Nueve políticos demócratas que aspiran a ganar a George W. Bush en las presidenciales de 2004 han demostrado en su primer debate televisado que el elemento patriótico estará en el epicentro de la próxima campaña electoral. Sólo uno de los nueve se mostró seguro de que la guerra contra Irak ha sido un error. Según las últimas encuestas, el republicano Bush dobla en intención de voto a cualquiera que sea su contrincante demócrata. El debate se celebró en Carolina del Sur, un feudo tan históricamente conservador que a sus habitantes sólo "les suenan" los nombres de Joe Lieberman y Dick Gephardt, dos de los aspirantes demócratas a la candidatura.
A Lieberman lo conocen porque acompañó a Al Gore como candidato a vicepresidente; de Gephardt recuerdan otros intentos de hacerse con la candidatura presidencial en su partido.
Además de ellos, en el debate participaron los senadores John Kerry, John Edwards y Bob Graham, el ex gobernador de Vermont, Howard Dean; el congresista Dennis Kucinich; la ex senadora Carol Moseley-Braun y el pintoresco reverendo Al Sharpton, un activista neoyorquino que se apunta a cualquier acontecimiento en el que haya una cámara de televisión. Sólo Lieberman, Edwards, Kerry y Gephardt parecen contar con alguna posibilidad de lograr la nominación presidencial.
"Sadam era una amenaza para EE UU y especialmente para sus vecinos. Hemos hecho lo correcto al luchar esta batalla, y gracias a eso los estadounidenses pueden sentirse más seguros", arrancó Lieberman. Semejante declaración asume los efectos de un terremoto ideológico en el Partido Demócrata, condenado a mostrarse belicista si quiere compensar el patriotismo que envuelve a Bush. Sólo Sharpton criticó la guerra, consciente de que no tiene nada que perder por decirlo en voz alta.
Dean se desdijo de la idea de que EE UU no debe dar por sentado que siempre tendrá el ejército más poderoso del mundo. "No estoy de acuerdo con eso", le dijo Kerry, "y creo que cualquiera que se prepare para cuando no seamos los más fuertes se prepara para un día en el que tendremos graves problemas". Dean trató de enmendarse: "Ningún comandante en jefe -y yo no sería una excepción- debería permitir que disminuya nuestra influencia militar".
Lieberman señaló que "ningún demócrata será elegido en 2004 si no tiene un programa fuerte en defensa" y se mostró a favor de la posesión de armas sin registro previo, en contra de lo que defendió en las elecciones anteriores. Según él, lo contrario fue cosa de Gore.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003