La creciente llegada de inmigrantes y los problemas que muchos encuentran para obtener papeles, trabajo y vivienda, hace que cada vez sean más los que tienen que recurrir a albergues y comedores para personas sin hogar. El 41% de los casi 30.000 indigentes atendidos en 2002 en albergues y pisos tutelados de toda España procede de otros países, cuando, dos años antes, los extranjeros suponían menos del 24% en la red de acogida. También son extranjeros la mitad de los clientes de los comedores sociales.
Ésta es una de las conclusiones del informe Inmigrantes y sinhogarismo en España 2001-2002, elaborado por el sociólogo y profesor de la Universidad de Comillas Pedro Cabrera y por la especialista en migraciones y asesora de Cruz Roja, Graciela Malgesini, para la Federación Europea de Organizaciones de Apoyo a Personas sin Hogar (FEANTSA), formada por 70 ONG.
La presencia de inmigrantes ha aumentado "mucho o muchísimo" en el 75% de los albergues y comedores. Entre los extranjeros sin hogar atendidos predominan los marroquíes (54%); ecuatorianos (22%); portugueses (21%); rumanos (20%); colombianos (19%); argelinos (14%); búlgaros (9%) y ucranianos (5%).
Enfrentamientos
La llegada de extranjeros pobres a unos albergues ya de por sí saturados (la ocupación media de los centros encuestados es del 80% en verano y del 95% en invierno) está provocando, según el estudio, enfrentamientos con los usuarios españoles, ya que unos y otros compiten por algo tan básico como un techo y un plato de comida.
"Corremos el riesgo de aplicar nuestros esquemas de clase media y anatemizar como conductas xenófobas los estallidos de violencia que se producen a las puertas de comedores y albergues. Pero conviene tener en cuenta que, para los que se mueven en las fronteras de la subsistencia, el hecho de tener que competir por unos recursos escasos con personas de otro país que vienen a disputarles el último lugar al que tenían acceso no debe ser una experiencia fácil", reflexionan Cabrera y Malgesini.
Esta creciente presencia de inmigrantes supone también un reto para la red de acogida, por las diferencias culturales y lingüísticas y porque los problemas de los trabajadores extranjeros son distintos a los de los clientes habituales de los refugios. Suele tratarse de personas con plenas facultades, sin problemas mentales o adicciones, que recurren temporalmente a comedores y albergues porque, al carecer de permiso de residencia, tienen grandes dificultades para conseguir empleo y vivienda.
Los autores proponen que no sean los servicios para personas sin hogar los que atiendan a los extranjeros sin recursos, sino que las instituciones creen programas específicos de alojamiento y apoyo social para ellos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2003