No era la primera vez que colaboraban Carmen Linares y Joan Cerveró, director de la Orquesta Sinfónica de Valencia, pero sí la primera vez que interpretaban juntos la versión del Amor brujo de 1935 y el espectáculo que ofrecieron anoche en la Ciutat de les Arts y les Ciències era un estreno absoluto por la confluencia de la música de Manuel de Falla y la composición videográfica del escenógrafo italiano Lorenzo Cutùli. Éste está acostumbrado a poner imagen a la música, del mismo modo que Cerveró a escribir música para la escena. Y la naturalidad de Linares hace buenas migas con ambos. Por lo demás, la Sinfónica de Valencia tiene la misma edad que la obra de Falla.
Se trataba de que la expresión jonda de la cantaora, el rigor en la interpretación instrumental de la minuciosa partitura del Amor Brujo y las imágenes proyectadas, fuertemente simbólicas, penetraran con su magia y armonía el silencio y la oscuridad de la noche en el viejo cauce del Turia. Fue un espectáculo de luz y sonido al aire libre que convocó los exteriores de L'Hemisfèric a un público expectante, completado con la suite número 1 de El sombrero de tres picos y las siete canciones populares españolas de Falla.
Así, con sabor mediterráneo, empezó Eclèctic, un festival que viajará al altiplano boliviano el día 15 con la voz de Luzmila Carpio, a los territorios sonoros del Tibet y el Japón cortesano, a la gélida y moderna Islandia de la mano de Björk y al circo aéreo brasileño para culminar con la música celta de Carlos Núñez .
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de mayo de 2003