François Hollande tiene 48 años, ha estudiado en la prestigiosa Escuela Nacional de Administración, la denostada ENA, fábrica de élites republicanas, está casado con Segolene Royal -que ha sido ministra con François Mitterrand y del Gobierno de Lionel Jospin- y tiene una larga trayectoria como portavoz del partido. De Jacques Delors, primero; de Lionel Jospin, después. Éste, en 1997, le puso al frente del PS para que lo controlase mientras él gobernaba. La derrota de Jospin en abril de 2002 le transformó en primer secretario por defecto. En aquel momento nadie hubiese querido el cargo que ahora, un año después, nadie se atreve a disputarle. Hollande es un tipo conciliador, dotado de tanto sentido del humor como malicia. Su aspecto físico -nada atlético- le priva del carisma del que tal vez hubiera gozado en una época sin televisión. Es un buen orador, un excelente discutidor y un pragmático absoluto. Puede que Mitterrand también fuese un pragmático, pero, en su momento, supo ajustarse el uniforme de líder de la izquierda, coquetear con el tercermundismo o reclamar la "ruptura con el capitalismo". Pero Hollande, cuando alguien le habla de ideas, sólo quiere saber cuánto va a costar su puesta en práctica.
El próximo día 22, Hollande se verá ratificado en el cargo de primer secretario, entre otras cosas porque es el único candidato al mismo. Su moción de síntesis, respaldada por los ex ministros Laurent Fabius, Martine Aubry, Dominique Strauss-Kahn o el alcalde de París, Bertrand Delanoë, ha llegado a Dijon avalada por casi el 62% de los 129.000 militantes socialistas. Su mérito no era despertar entusiasmo, sino garantizar una transición sin ruptura, evitar una lucha fratricida entre los gallitos del PS. Éstos se preparan con la vista fija en el horizonte electoral de 2007. Entonces, tal y como recordaba ayer Fabius, "se tratará de encontrar quién es el más dotado para una responsabilidad de Estado, que François [Hollande] nunca ha desempeñado". Para Strauss-Kahn, "aún es temprano para preguntarse quién debe ser candidato a la presidencia".
La opinión pública tampoco confía en él. Para los militantes del PS, Hollande es un excelente primer secretario que viaja sin cesar y escucha a todos, pero en el conjunto de la sociedad francesa sólo un 32% de los encuestados le auguran un futuro importante. Claro que el 52% cree que el PS en el poder haría lo mismo que la derecha; el 56%, que no sabe oponerse al actual Gobierno, y un 62%, que carece de proyecto político. Todo un panorama.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de mayo de 2003