Una campaña electoral apasionante como pocas ha llegado a su fin, y los resultados dejan dos claros triunfadores: el pueblo valenciano y su compromiso democrático, y Paco Camps y el Partido Popular. Y dejan también, un regalo para politólogos, analistas y estrategas: el escaso valor de la agitación política cuando existe inteligencia social y madurez democrática.
Durante unos meses se ha agitado la bandera -cuando no la pancarta- del vuelco electoral. Sin embargo, los votos hablan con claridad: estas elecciones las han decidido los temas que se deben dilucidar en elecciones autonómicas y locales: el bienestar social, el progreso económico y la autoestima como pueblo.
Cabe, pues, felicitar sinceramente a Paco Camps por haber revalidado, a fuerza de programa, la confianza que la mayoría de los valencianos habían depositado en el Partido Popular, y de forma específica en su líder y actual Ministro Zaplana.
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Todo un éxito en términos de capital social.
Es el momento de retomar las iniciativas, de releer el programa electoral votado por la mayoría de los ciudadanos y establecer las prioridades. La agenda política debe dar paso a cuatro años de más y mejores oportunidades para los valencianos.
Para quienes fueron manteados cual Sancho Panza en momento de euforia, se impone la reflexión: saber que toda elevación tiene su peligro. Y éste no es otro que en el descenso hayan desaparecido los brazos que lo sustentaban. Ahora sólo cabe esperar que, al contrario de lo ocurrido con Sancho, nadie la emprenda a palos con él.
Rafael Blasco Castany es consejero de Bienestar Social
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de mayo de 2003