Gobierno y oposición coincidían anoche en algo, ambos se atribuyeron el triunfo en las elecciones municipales y provinciales celebradas el domingo y ayer lunes en 12 provincias y casi 500 municipios italianos. El Olivo se apuntó el tanto crucial de la jornada al arrebatar la provincia de Roma a la derecha, pero la coalición de Silvio Berlusconi no sufrió una derrota tan severa como esperaban algunos líderes de la izquierda.
Una y otra coalición mantiene sus feudos, en Sicilia, el centro-derecha, y en Toscana la oposición, mientras el veredicto definitivo en las ciudades del norte no llegará hasta la segunda vuelta electoral el 8 y 9 de junio cuando se celebrarán también las elecciones regionales en Friuli-Venecia-Giulia, de mayor importancia.
Enrico Gasbarra, ex primer teniente alcalde en el ayuntamiento de izquierdas de la capital, se perfilaba anoche, -cuando iban escrutados dos tercios de los votos-, como ganador casi seguro en la batalla por el gobierno de la provincia de Roma, con el 54% de los sufragios frente al 42,7 del hasta ahora presidente provincial, Silvano Moffa, de Alianza Nacional. La coalición de centro-izquierda saludó este triunfo como el primer síntoma del desgaste político del Gobierno de Silvio Berlusconi, que apenas ha cumplido dos años. Para el Olivo es un resultado importante, conseguido gracias a la unidad reencontrada ya que Gasbarra ha recibido el apoyo de todo el centro-izquierda, incluido el Partido de Refundación Comunista, la Italia de los Valores de Antonio di Pietro, y los movimientos ciudadanos pacifistas.
Para la coalición de centro-derecha representa un duro golpe, especialmente para Alianza Nacional, el partido de derecha que gobierna la región del Lazio (de la que Roma es capital) y que ahora se ha visto desbancado en la provincia. Los resultados de la Liga Norte, otro partido de la coalición, fueron notables, en cambio, en las ciudades del norte italiano donde se presentó en solitario. Francesco Storace, de AN, gobernador del Lazio, acusó anoche a Umberto Bossi de haber propiciado la derrota de su partido en Roma con sus llamamientos a la descentralización.
El Olivo ampliado mantuvo sus posiciones en cinco de las seis provincias que ya gobernaba, y en ciudades como Massa y Pisa, aunque todo apunta a que perderá los enclaves que controlaba en el norte, caso de Sondrio y Brescia. Nada importante comparado con la conquista de la administración provincial de Roma (la capital está en manos del Olivo), en la que estaban llamados a votar casi tres millones del total de 11,3 millones de italianos participantes en estas elecciones parciales. El porcentaje de votantes (66,5%) superó al de otras citas.
Los líderes del centroizquierda coincidieron en resaltar el valor del triunfo en Roma. "Tiene un significado político como una casa", dijo Francesco Rutelli, coordinador de la Margarita, minicoalición centrista del Olivo, respondiendo a los portavoces del Gobierno que intentaban restar valor a la consulta electoral. Piero Fassino, líder de los Demócratas de Izquierda, principal fuerza de izquierda en la coalición, consideró que los resultados demuestran "que los ciudadanos no han apreciado el estilo agresivo de Berlusconi, en esta campaña". Fausto Bertinotti, del PRC, atribuyó la derrota gubernamental a la guerra de Irak, como lo demostraría, a su juicio, el "castigo" sufrido también "por José María Aznar, en España, o Tony Blair en el Reino Unido".
"Con los datos en la mano, sólo puedo decir que gobernábamos en seis provincias de las doce por las que se ha votado, y ahora gobernamos en siete", declaró Claudio Scajola, ex ministro y coordinador de la campaña del centro-derecha que ha estado repleta de problemas, batallas intestinas y peleas por la colocación de los candidatos. Marco Follini, líder de los democristianos de la CDL, defendió los resultados porque, dijo, "el Gobierno se ha mantenido, y nuestro partido ha hecho importantes avances en todo el país".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de mayo de 2003