En 1999, el señor Aznar (o alguien en su nombre) decidió que los contribuyentes no podríamos seguir desgravando los gastos de alquiler del IRPF. Llegados a la fecha, en su inmensa bondad, nos devuelve esa posibilidad y lo hace presentándola como si del invento de la rueda se tratase. Ésas son medidas, y no las que el recientemente condecorado líder del PP pretende que le midan con un metro.
Si la campaña electoral hubiese durado una semana más, quizá nos hubiese devuelto el derecho a desgravar los gastos de seguro de vida y de salud y farmacia, con lo que su bondad hubiese alcanzado el grado de "infinita".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de mayo de 2003