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Reportaje:UN PAÍS DE CINE / DVD | 'El crimen de Cuenca'

Historia de un error judicial

EL PAÍS ofrece en su colección de cine 'El crimen de Cuenca', de Pilar Miró

Pilar Miró es una de las pocas mujeres realizadoras que figuran en la historia del cine español. Sus primeros contactos con la industria los estableció como guionista. Vinculada a Televisión Española, debuta como directora de cine con La petición, en 1976. En 1979 filma su segundo largometraje, El crimen de Cuenca, que podrá adquirir mañana, sábado, por 5,95 euros quien compre EL PAÍS. Basada en un suceso real ocurrido a principios del siglo XX, fue prohibida durante 17 meses y su directora procesada militarmente. Cuando se pudo estrenar, el filme se convirtió en uno de los más taquilleros del cine español. José Manuel Cervino, Daniel Dicenta, Fernando Rey, Amparo Soler Leal y Héctor Alterio fueron sus protagonistas.

Los hechos reales comenzaron con la misteriosa desaparición de un pastor apodado El Cepa en su pueblo de Osa de la Vega, en 1910. Algunos lugareños sospecharon que El Cepa podría haber sido asesinado y culparon de ello a dos de sus vecinos, el mayoral León Sánchez y el guarda Gregorio Valero. Tres años más tarde, fueron detenidos, torturados por la Guardia Civil, juzgados por asesinato y condenados a una pena de 18 años de cárcel, de la que fueron indultados tras cumplir doce. Poco tiempo después apareció El Cepa, vivo y feliz. Simplemente, dijo, le había dado un "abarrunto" y se había ido a un pueblo cercano...

El proyecto de hacer una película sobre el famoso crimen de Cuenca le surgió al guionista Juan Antonio Porto tras haber estudiado el caso. Luego, Lola Salvador Maldonado lo transformaría en guión, interesando al productor Alfredo Matas, que propuso a Pilar Miró el dirigirla. Pero concluida la película, la dirección general de la Guardia Civil encontró en ella motivos de delito, especialmente en "el planteamiento y duración de las escenas de tortura, así como en la crudeza de las mismas" considerando que suponían "una vejación al Cuerpo, de todo punto intolerable". A pesar de que El crimen de Cuenca había sido ya exhibida en el Festival de Berlín, un juzgado militar decretó la incautación del negativo y de todas las copias existentes. Además, Pilar Miró fue procesada por el Tribunal Militar bajo la acusación de injurias a la Guardia Civil.

"Una obra rigurosa, violenta, de fuerte impacto y a la vez profundamente tierna"

"Mi miedo es que todo el mundo irá a ver la película de los escándalos, de la tortura"

Tiempo después, y sólo gracias a una reforma política sobre la competencia de los tribunales militares, pudo conseguirse que las acusaciones contra Pilar Miró pasaran a depender de la jurisdicción civil, donde el tema fue sobreseído. Aún así, hubo que esperar al impulso democrático surgido tras el fallido golpe de Estado del 23-F para que El crimen de Cuenca pudiera estrenarse, lo que no sucedió hasta agosto de 1981, es decir, 17 meses después de su secuestro, y con el distintivo de película "S", que entonces servía a la censura para atemorizar a los espectadores sobre un posible atentado a su sensibilidad.

Pilar Miró no se lamentaba entonces de que la fueran "a meter seis años en la cárcel: eso es igual porque dentro de seis años volverán a encontrarse con la película. Mi miedo es que ya la han destrozado, que todo el mundo irá a verla con los ojos manipulados, irán a ver la película de los escándalos, la película de las torturas...".

Santos Zunzunegui ha contado que a causa de este proceso, "el tema de la libertad de expresión se convirtió en asunto privilegiado de debate, desde el foro parlamentario hasta la calle, pasando por los medios de comunicación, en el que quedaron para la historia frases memorables como la pronunciada por el ministro de Cultura de UCD, Ricardo de la Cierva, cuando afirmó, sin ápice de rubor, que "al oír la expresión jurisdicción militar me pongo en posición de saludo".

Cientos de intelectuales reclamaron libertad para la película y su directora: "Es evidente que la suspensión de El crimen de Cuenca (basada en unos hechos reales ocurridos hace setenta años) es un gesto arbitrario, un abuso de poder, la demostración palpable de que la censura ideológica sigue vigente y, en definitiva, una medida anticonstitucional... Porque no debemos resignarnos al silencio y a lo injusto, los abajo firmantes reclamamos la inmediata exhibición de El crimen de Cuenca en su versión íntegra y sin cortapisas".

Unos tres millones de espectadores acudieron a ver la película, convirtiéndola así en una de las más taquilleras del cine español. También las críticas fueron entusiastas. Francisco Umbral observó que "el crimen de Pilar Miró, bien vista la película, es mucho más que una denuncia de guardias y torturas, o no es eso en absoluto. Es un documento de época por el cual vemos que el poder político (diputado conservador de Cuenca, Fernando Rey), el poder jurídico local (Héctor Alterio) y el poder eclesiástico (Luis Vivó) han decidido escarmentar al pueblo de Osa de la Vega, que siempre vota izquierda", en lo que abundó la crítica de este periódico: "Pilar Miró ha centrado el interés fundamental de la película en la increíble historia de estos dos amigos entrañables que llegan a dudar el uno del otro ante la fuerza de la tortura, pero también en la red de intereses creados alrededor del caso, en el papanatismo de un pueblo feliz por encontrar culpables fáciles, en la intransigencia de los verdugos que no aceptan el mínimo error... todo ello visto con la pasión de quien quiere advertirnos de que los mismos hechos pueden volver a suceder".

Se habló, y bastante, del horror de la historia, "que no se basa, como muchos han insistido, en las secuencias de tortura (tan breves como necesarias para comprender el fenómeno de lo ocurrido), sino en el hecho mismo de la condena de dos inocentes que sólo al cabo de los años, y por un azar, consiguieron ser puestos en libertad". Y se habló igualmente de ciertas torpezas narrativas en la película. Pero todo quedó sepultado bajo el escándalo de la prohibición en tiempos de democracia. Hubo unánimes elogios para la interpretación de José Manuel Cervino y Daniel Dicenta, "actores desaprovechados por el cine español" según la directora, "interpretación que fue decisiva para el funcionamiento de la película, arropados, además, por una sólida galería de secundarios", en opinión de Pérez Millán, que aseguraba: "El crimen de Cuenca una obra rigurosa, violenta, de fuerte impacto, y a la vez y por debajo de todo ello, profundamente tierna y desoladora".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003