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PANTALLA INTERNACIONAL

Marisa Paredes rueda con Cozarinsky

La actriz construye con Atkine y Putzulu una historia sobre la angustia del pasado y el azar

Edgardo Cozarinsky (Buenos Aires 1939) está acabando de rodar en París un nuevo largometraje de ficción titulado Dans le rouge du couchant. Los protagonistas son Bruno Putzulu, Fedor Atkine y Marisa Paredes. "Con Marisa casi puede decirse que estaba en deuda porque hace años le pedí como un gran favor que me recitase dos fragmentos de obras de Lorca para un documental que hice sobre La Barraca. Ahora quería ofrecerle un personaje en otro tipo de película y por eso he escrito el personaje de Clara pensando en ella".

Clara es una psicoanalista argentina que trabaja en París y a la que acosan los recuerdos, ya sean los de su pasado de guerrillera, ya sean los de sus pacientes. "Pertenece a una generación marcada por la lucha armada en la que se embarcó de manera un tanto frívola, sin haber reflexionado, casi por embriaguez colectiva. Y lo que empezó de manera festiva, como un desafío juvenil, luego sigue gravitando sobre sus vidas a lo largo de los años".

La elección de los actores es para Cozarinsky uno de los momentos más importantes. "En el cine lo importante no es el trabajo de composición, sino el no equivocarse con el reparto. En el teatro el actor tiene que ir hacia la sala, tiene que proyectar lo que inventa hasta la última fila de la platea, pero en el cine la cámara se acerca a él y le roba, captura todo lo que tiene. Por eso necesitas no equivocarte a la hora de atribuir los papeles".

Esa búsqueda de la verdad del actor hay que relacionarla con el que sin duda es el núcleo de Dans le rouge du couchant. "La película habla del mundo de ahora, de una sociedad de la apariencia, de la falsificación, en la que los objetos tienen una firma que no es la de su autor, en la que las personas cambian de rostro gracias a la cirugía, las relaciones son electrónicas y virtuales, nos comunicamos gracias al vídeo, las viejas películas de S-8 o los discos de vinilo son ilegibles y también necesitan ser retranscritos, de liftings, para seguir viviendo".

Si el personaje de Clara anda angustiado por un pasado que reaparece, el de Michel (B.Putzulu) es el de un joven que llega a París procedente de Buenos Aires para vender un cuadro impresionista que su padre le ha dejado por toda herencia. "Y él arrastra consigo toda una historia, fue robado en 1942, a propietarios judíos desaparecidos". Y no sólo eso, porque tampoco parece muy claro que se trate de un corot auténtico sino más bien de una de las copias que fabrica David (F. Atkine), un tipo al que su habilidad de imitador le ata a gente poco recomendable. "Fedor era ideal para el papel porque es el perfecto judío errante por su mezcla de orígenes, porque habla castellano con acento porteño y, de la misma manera, Putzulu es muy adecuado porque su físico respira latinidad".

El filme está construido a partir de las historias de los tres personajes. "Las de Clara y David las desarrollé antes como cuentos en mi libro La novia de Odesa mientras que la de Michel es nueva. Y las tres se entrecruzan. Me gusta que sea así, que el azar ocupe un lugar importante en la trama. Sin azar la vida sería muy distinta". Y los tres personajes intentan luchar contra él, imponerse a lo que les viene impuesto, escapar al peso del pasado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003