Si hay algo claro sobre El Álamo es que es de una de esas pocas películas que no piensan en la secuela", bromea el realizador John Lee Hancock sobre su último rodaje, esta nueva versión de la que en 1960 dirigiera y protagonizara John Wayne sobre la matanza de un grupo de tejanos defendiendo la fortificación del Álamo tras 13 días de asedio del Ejército mexicano en 1836. A punto de finalizar cerca de tres meses de rodaje, este filme épico es mucho más que un remake donde el trágico final de todos sus protagonistas es por todos conocido. Por el momento se trata de una producción de 80 millones de dólares rodada en el mayor set jamás construido en Estados Unidos, que reproduce al detalle no sólo el fortín bautizado como El Álamo, sino lo que la ciudad de San Antonio, incluidos los interiores de sus edificios, era en aquel entonces. Los últimos 20 minutos del filme agruparán para la gran batalla a un reparto que incluye más de 200 extras, un centenar de caballos y 50 cabezas de ganado, además de una lista de estrellas que cuenta con Dennis Quaid y Jason Patric junto a Billy Bob Thornton, este último en el papel del legendario David Crockett. "Todo el mundo ha querido ser David Crockett cuando era pequeño", admite a sus 47 años. También están el español Jordi Mollá, como el tejano Juan Seguí, y el mexicano Emilio Echevarría, que se dio a conocer de manera internacional con Amores perros, como el general Santa Ana, al frente del ejército de 5.000 hombres que acabará con este grupo de rebeldes.
Un filme que nació aún con mayores ambiciones, con Ron Howard como director al frente de lo que quería que fuera una producción de más de 135 millones de dólares con Russell Crowe como protagonista y cargada de una violencia que limitaría su público a los mayores de 17 años.
El Álamo finalmente será una versión moderada y lista para un estreno navideño en Estados Unidos con el que apostar por un primer puesto en los Oscar. Lo que también vendrá servida en bandeja de plata será la polémica, al ofrecer una nueva versión de un momento en la historia americana hasta ahora simplificada como una lucha entre héroes, los colonos blancos que se rebelaron en El Álamo y los opresores, el Ejército mexicano. "Nuestra película no es una del Oeste, como la de John Wayne, sino un reflejo de los tejanos y mexicanos de la época, mostrando el colonialismo de aquellos años", describe el diseñador de producción Michael Coreblith, aclarando que tampoco se trata de un documental.
El afán de ganarse a un público más amplio, además del mercado internacional, le puede costar a una producción de este calibre comentarios como PC-ville, crítica al intento de convertir uno de los clásicos americanos en un ejercicio de corrección política. Hancock, aún animado por el éxito estadounidense de su película The Rockie, no se muestra preocupado por esta revisión de los acontecimientos, sino más bien orgulloso, porque "como tejano" tiene una responsabilidad al contar esta historia. Como dice Thornton, parafraseando el diálogo de la película y también el espíritu de esta nueva versión de El Álamo, "los héroes no piensan que son héroes, sólo el tiempo así lo dice. Y aun así, tampoco serán perfectos".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003