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Crítica:CRÍTICAS

Muchas más teclas que dedos

Un intelectual tejano, líder del movimiento contra la pena de muerte -individuo brillante, agitador liberal y profesor de Filosofía, de vida aparentemente intachable, casado y con un hijo de corta edad-, se ve brusca y gravemente involucrado en un caso de brutal asesinato y violación que le obliga a afrontar la amenaza de ese salvaje y terrible castigo contra cuya vigencia ha empeñado todas sus energías y todo su arsenal de elocuencia y de conocimiento. Tal es la pista de despegue del ambicioso y comprometido vuelo que quiere emprender y apurar hasta sus últimas consecuencias, sin paños calientes, La vida de David Gale, un thriller de los llamados psicológicos, con ancho arco metafórico, que quiere ser majestuoso y se queda en retórico, aunque alcance momentos emocionantes e intensos.

LA VIDA DE DAVID GALE

Director: Alan Parker. Guión: Charles Randolph. Intérpretes: Kevin Spacey, Kate Winslet, Laura Linney, Gabriel Mann, Matt Craven, Leon Rippy. Género: drama. Estados Unidos, 2003. Duración: 130 minutos.

El asunto es de los que le van como anillo al dedo al gusto por lo arriesgado y lo pomposo del director británico Alan Parker, al que con frecuencia vemos enrolado en batallas a favor del cine norteamericano en colisión con las rutinas comerciales de Hollywood. Ésta es una de esas batallas, pero -al contrario que la de Arde Misisipí, que tuvo para él un balance positivo- es presumible que se trate de una batalla perdida.

Se ha ido al garete esta vez el buen pulso a Parker, y el trazo del tumultuoso itinerario del calvario de David Gale, aunque interpretado por un actor de la talla de Kevin Spacey, resulta a grandes rasgos poco convincente, pues los excesos de énfasis en que incurre Parker crean oquedades dentro de la sombría prosa de la película, que se acelera demasiado pronto y luego, en la fase final, ha de acudir a tretas de guión, a argucias y golpes de sorpresa para mantener la ya demasiado saturada atención del espectador, que ha sido forzado a mantenerse demasiado tiempo en vilo, lo que acaba fantigándolo.

Al director británico se le ha ido la mano, no ha sabido calcular las dosis adecuadas de tensión, suspense e intriga que necesitaba para sostener un tan enrevesado entramado como el que se mueve y ramifica dentro de La vida de David Gale, que, pese a sus rasgos de buena hechura, resulta espeso y se acaba cayendo de las manos de Parker y Spacey y de los ojos de quienes, a este lado de la pantalla, acaban saturándose de idas y venidas dentro del retorcimiento de los sucesos y los vuelcos y más vuelcos de la sombría intriga.

Pone Spacey -junto a Laura Linley, que está magnífica- fuerza y ganas. Pero su composición de un hombre a la deriva y en estado de absoluto desastre necesitaba un suelo narrativo más firme que el que le da un Parker que quiere mover más teclas que dedos tiene.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003