Es El furgón una película fallida. Se percibe lo que guionista, director e intérpretes pretenden representar, pero, sin embargo, no logran más que enunciarlo, sin llegar a representarlo verdaderamente.
Las palabras se limitan a decir, las imágenes a retratar y los intérpretes a fingir lo que ocurre -que no llega a existir más que como ocurrencia- en la pantalla, pues lo que construye el guión, lo que filma la realización y lo que hace el reparto alcanza sólo el nivel de lo intencional. Cuenta, sin llegar a representarlo, el suceso de un furgón carcelario que sufre un accidente y permite la fuga de cuatro delincuentes de poca monta, a mitad de camino entre los inefables y magistrales tipos de Truhanes y Rufufú, pero el parentesco no pasa de esa similitud del telón de fondo
EL FURGÓN
Dirección y guión: Benito Rabal. Intérpretes: Sancho Gracia, Pablo Carbonell, Carlos Fuentes, Elsa Pataki, Rafael Álvarez el Brujo, Luis Cuenca, Manuel Galiana, Oscar Ladoire. España, 2003. Género: comedia. Duración: 93 minutos.
El suceso y el despliegue argumental de El furgón está en la pantalla, porque quienes mueven y se mueven en esa pantalla -el director y guionista Benito Rabal y una decena de intérpretes- intentan que esté, pero su esfuerzo no escapa de sus ganas, de su voluntad. Busca, por ejemplo, hacer
gags, chistes visuales, pero no vemos brotar materialmente esos chistes, y deducimos que querían ser tales una vez que han pasado.
En la película hay mucho oficio en sentido mecánico. Está bien decorada, iluminada, vestida, encuadrada, montada. Y es interpretada por profesionales solventes pero que no pueden solucionar las carencias de fondo. Porque este tejido de tareas no crea verdaderos ritmos de comedia ni despliega tipos y situaciones creíbles. Es un intento frustrado de comedia que quiere ser desmelenada y trepidante pero que carece de vibración cómica. Y quiere ser una carrera vertiginosa, pero no se mueve.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003