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62ª FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Amigos y lectores reviven la pasión de Terenci Moix

Emoción y tristeza ayer en el homenaje a Terenci Moix. El escritor era uno de los grandes asiduos a la feria. Le encantaba firmar ejemplares y enrollarse con los lectores. Está en la feria su última novela, El arpista ciego. Muchas presentaciones hubo ayer en Madrid: el primer volumen de las memorias del editor Rafael Borràs, La batalla de Waterloo, un libro imprescindible para quien quiera saber lo que se ha cocido editorialmente en este país entre 1951 y 1973. El escritor colombiano Daniel Samper habló de su novela Impávido coloso, en la que recrea el viaje de unos periodistas al Brasil de los milagros; y la cubana Zoé Valdés, de Lobas de mar, con el que ha ganado el Premio Fernando Lara.

Terenci Moix (Barcelona, 1942-2003) era un habitual de la Feria del Libro de Madrid. Le encantaba venir y los editores de Planeta recordaban ayer que, salvo el pasado año, que estaba enfermo, no faltó nunca a su cita anual con los lectores. Por eso, ayer, Planeta, sus amigos y sus lectores le recordaron en un homenaje celebrado en el Pabellón Carmen Martín Gaite. "Queríamos haber presentado aquí el volumen de sus Inmortales del cine de los años sesenta", explicó el editor Carlos Revés. "Pero no ha habido tiempo de conseguir un buen testimonio gráfico y Terenci hubiera querido que editásemos un libro de calidad".

Así que no hubo libro, pero sí mucha emoción de los amigos que se acercaron al Retiro para leer un fragmento de alguno de sus libros. Comenzó el director de la feria, Antonio Albarrán, con un trozo de El arpista ciego. Cogió el relevo Pedro Manuel Villora, que leyó de la primera novela de Terenci, Besaré tu cadáver. "Es un libro que no se ha reeditado y del que sólo conozco dos ejemplares. El que tenía Terenci y el mío", dijo con él en la mano. Tomaban la palabra por orden alfabético y prosiguieron Leopoldo Alas y Marcos Ricardo Barnatán, con Extraño en el paraíso. "En un momento de ligero narcisimo lo he elegido porque Terenci me pidió que presentase el libro en Madrid", dijo este último. Siguió Pepe Martín, con un disparatado capítulo de Mujercísimas, que leyó con mucha ironía imitando el acento de una pija argentina.

Eduardo Mendicutti se decantó por el primer volumen de El peso de la paja y le prestó a Lourdes Ortiz la primera edición de El año que murió Marilyn y que ésta leyó. Rosa Pereda continuó con el final de El arpista ciego y concluyó el homenaje Luis Antonio de Villena.

No pudo estar su hermana Ana María, aquejada de problemas de salud, pero no faltaron los escritores Zoé Valdés, José Luis Sampedro y la periodista Nativel Preciado, y su querida Nuria Espert, que volvía de un ensayo. "Nos contábamos todo y cada cosa que ocurre tengo la intención de descolgar el teléfono y llamarlo. Porque dos meses es poquísimo tiempo y muchísimo tiempo", se lamentó la actriz.

Como le hubiera gustado a Terenci, la velada terminó con martinis secos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003