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Crítica:FLAMENCO | Rubichi

Cabales

Cabal el cantaor, Diego de los Santos Rubichi, jerezano de 54 años, sobrino de Agujetas el Viejo y depositario de un cante casi primitivo que él interpreta absolutamente incontaminado de añadidos espurios. Y cabales los oyentes, un reducido grupo de aficionados que sabían lo que iban a escuchar y convirtieron el concierto casi en una reunión de amigos.

Oímos un cante admirable y en el mejor de los ambientes. Cante recio y hondo, que recorre casi en exclusiva los estilos flamencos de mayor respeto. Rubichi es cantaor de una vez, que elude -los desconoce, sencillamente- recursos sesgados de alivio o mixtificación. Voz terrible, que nos llega de quién sabe qué profundidades que el cantaor gobierna con mucho corazón y un misterioso sentido del equilibrio. Su grito estremecedor se atiene con rigor al compás, a la melodía externa e interna, a la belleza objetivo de cada cante.

Recital de cante de Rubichi

Con el toque de Juan Jiménez Petaza. Suristán. Madrid, 4 de junio.

Las tonás -impresionantes, de una grandeza que asusta-, las soleares, las siguiriyas, la malagueña del Mellizo, fueron ejemplos y no los únicos de ese cante definitivo que Rubichi transmite con humildad, pero con la convicción que da saberse en lo cierto. No muchos más lo sabemos, a juzgar por la escasa concurrencia que acudió a Suristán. No es legítimo, ni justo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003