Manifiesto mi irritación por lo que está ocurriendo en las plazas de Santa Ana, Platerías, Reina Sofía, Antón Martín y, en general, en todas las plazas madrileñas, pues no sólo han hecho de ellas lugares desolados, alicatados e incómodos, sino que esos espacios públicos, es decir, de todos, han sido invadidos por las terrazas, haciendo imposible el solaz de ancianos, la comunicación entre personas, el paseo de los minusválidos. Por lo tanto, los vecinos de la zona solicitamos a quien corresponda una solución inmediata al problema y exigimos que la próxima Administración municipal madrileña le devuelva a cada una de las plazas la identidad que antes tenían, en las que los ciudadanos departíamos, nos comunicábamos y socializábamos en espacios agradables, arborizados y ajardinados, llenos del romanticismo que antaño nuestras plazas tuvieron, sintiéndonos en ellas más humanos y vinculados a nuestra bella ciudad, ahora alicatada por todas partes; además, el calor que genera dicho material las hace del todo inservibles en verano, excepto, claro está, para la actividad comercial para la que Álvarez del Manzano, parece ser, las remodeló.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003