En el año 2000, el IOM (Institute of Medicine) americano publicó un extenso informe titulado To err is human. Tuvo un gran impacto a nivel internacional porque en él se estimaba que los errores médicos constituían la octava causa de muerte entre los ciudadanos de los EE UU, por delante de los accidentes de tráfico, el cáncer de mama y el sida.
Al analizar las causas de estos errores, y en particular al referirse al tan socorrido factor humano, el estudio concluye que los seres humanos se equivocan, y que los errores son inevitables incluso en las mejores organizaciones. Como no es posible cambiar la condición humana, deberemos cambiar las condiciones de trabajo de las personas para que cometer errores sea muy difícil. Y esto sólo se consigue estableciendo sistemas de seguridad. Sistemas de seguridad en las actuaciones de los profesionales de la sanidad, en las centrales nucleares, en los aviones, en los trenes...
Si nuestros gobernantes consideraran que la seguridad de los ciudadanos es, por lo menos, tan importante como conservar las mayorías absolutas o afianzar su permanencia en los cargos, posiblemente invertirían más en sistemas seguros. Porque a estas alturas ya se habrían enterado de que lo del factor humano no deja de ser una prueba más de su desidia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2003