Luis García Berlanga (Valencia, 1921) ha ido depurando el estilo cinematográfico de su obra decantándose por su aspecto ácrata, corrosivo, fallero y un tanto misógino, frente al humor ácido pero también tierno de sus primeras obras. Desde Bienvenido Mr. Marshall (1953) a Paris-Tombuctú (1999), su última película hasta ahora, Berlanga ha realizado una obra que, según Pérez Perucha, "a pesar de sus altibajos no tiene parangón en la historia del cine español", como ya quedó comentado aquí con motivo de la edición en esta misma colección de otra de sus películas clave, Plácido (1961).
En 1963 dirigió El verdugo, que tuvo graves problemas con la censura toda vez que se entendió que el título aludía a la figura de Franco. Eso contribuyó a que se alargaran las pausas entre película y película, de por sí siempre largas en la filmografía de Berlanga, o de que se viera forzado a rodar fuera de España, como fue el caso de La boutique, realizada en la Argentina en 1967, o Tamaño natural, película que tuvo que ampararse en una producción francesa. Tras la muerte del general Franco inició con La escopeta nacional (1978) una saga que ponía en solfa aspectos de la sociedad democrática (Patrimonio nacional, 1980; Nacional III, 1982), y que completó con una visión irreverente de la Guerra Civil (La vaquilla, 1985), una sátira salvaje de cierto provincianismo recalcitrante (Moros y cristianos, 1987), y la expresión de sus desengaños, tanto sociales (Todos a la cárcel, 1993, Goya a la mejor dirección) como íntimos, en la ya citada Paris-Tombuctú.
Aburrido de las dificultades financieras para filmar en libertad, ha anunciado su retirada del cine, aunque antes ha filmado un cortometraje, El sueño de la maestra (2003), en el que arremete contra la pena de muerte en un estilo que él mismo ha calificado de fallero. Cineasta sin par, valiente y contradictorio, ha recibido merecidamente numerosos galardones a lo largo de su carrera.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de junio de 2003