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COLUMNA

Murcigleros

Como los erizos terrestres y los sapos, el murciélago es un simpático animal que, en algunos países de la zona del euro, disfruta por su valor ecológico de protección oficial. Aquí siempre se le consideró un bien preciado y sentimental, y tuvo una buena reputación. Vuelan rápidos y silenciosos cuando el sol cae por Occidente y las montañas alargan sus sombras sobre los llanos costeros del País Valenciano. Devoran mosquitos e insectos similares, que proliferan en las zonas de regadío y en los escasos humedales que se salvaron del cemento y el ladrillo. Las fuertes temperaturas y el alto grado de humedad de las últimas semanas, que originaron plagas de insectos en algunas zonas de La Plana, multiplicaron también los vuelos al atardecer de estos mamíferos voladores. Tenían en el aire la despensa llena y, comiendo, paliaban el desasosiego musical que causa un mosquito en el oído. El murciélago es un bicho que recompone el equilibrio en la naturaleza y en el medio ambiente. Entre nosotros es, además, un animal simbólico que se posa en las cuatro barras catalanoaragonesas del escudo de la capital histórica y autonómica de los valencianos. Incluso le dio nombre a una antigua institución valenciana en la que muchos aprendimos a estimar la lengua de los poetas valencianos del XV, aunque en las últimas décadas dicha institución se convirtió en un bastión de la tontería y el inútil secesionismo lingüístico. Una joya patrimonial y sentimental es para los valencianos el murciélago. Todo un símbolo como Viciana o como los antiguos fueros es este mamífero crepuscular que los sabuesos de las reales academias definen como "quiróptero insectívoro que tiene fuertes caninos y los molares con puntas cónicas; tiene formado el dedo índice de las extremidades torácicas por sólo una o a lo más dos falanges y sin uñas. Es nocturno y pasa el día colgado cabeza abajo, por medio de las garras de las extremidades posteriores, de cualquier objeto de los desvanes o de otros lugares escondidos, Cuando la hembra que cría lleva colgado del pezón al hijuelo, se cuelga ella por medio del pulgar de las extremidades torácicas. Hay varias especies". Pero el murciélago también -¡Ay que mala estrella la suya!- le dio nombre también a los murcigleros, a los ladrones nocturnos que operan con sigilo y rapidez en villas, urbanizaciones y domicilios particulares de la provincia de Castellón, de la provincia de Valencia y de la provincia de Alicante, tal y como gusta indicar al valencianista Chiquillo. Los murcigleros que hurtan han proliferado de forma inusitada de unos meses acá en nuestro litoral y están causando más desasosiego que el molesto silbido del mosquito en el oído. No dejan huellas como no las deja el vuelo del murciélago; incrementan la inseguridad ciudadana sin herir ni causar, hasta ahora, males mayores. La Guardia Civil, de forma oficiosa, habla de bandas que campan, o vuelan, a lo largo y estrecho del País Valenciano. Se lamentan también los uniformados, y con razón, de la falta de personal y de medios para combatir la plaga, cuyo índice de delitos sitúa a los valencianos en cabeza dentro de las anchas tierras hispanas. La diputada socialista Pepa Andrés ya le ha pedido al gobierno de la Generalitat un plan inmediato y efectivo para paliar los efectos de esas torvas aves de nocturno vuelo que despluman domicilios particulares. Y hasta los ecológicos murciélagos saben que el gasto público en el ámbito de la seguridad ciudadana ha de ser prioritario. Claro que ellos para volar y divertirse no necesitan de costosos parques temáticos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003