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Crónica:AUTOMOVILISMO | Gran Premio de Francia de fórmula 1

Siniestro total de Renault

Alonso y su compañero, Trulli, rompen sus motores mientras Ralf Schumacher, el ganador, y Montoya logran otro doblete para Williams

Ni el mayor enemigo de Renault habría sido capaz de idear una carrera como la de ayer, en el circuito de Magny-Cours, en Francia, ante miles de parroquianos. Era el día de Renault. O eso se suponía. Pero lo ocurrido fue un desastre. Reventó el motor del coche de Fernando Alonso, reventó el motor del coche Jarno Trulli, reventó la ilusión del equipo francés en aquella fatídica vuelta 44ª, cuando el italiano viajaba el sexto y el español el séptimo, ambos en los puestos que otorgan puntos, aunque lejos de los primeros, los Williams de Ralf Schumacher, que se dio un paseo y firmó su segunda victoria consecutiva, y Juan Pablo Montoya, pero incrustados entre sus perseguidores.

Los tiempos han cambiado una barbaridad en la fórmula 1. Hace apenas un año, Michael Schumacher se proclamó campeón del mundo en este mismo circuito. Quedaban siete grandes premios por disputarse. Siete carreras que sirvieron para que el alemán paseara su quinta corona; su equipo, Ferrari, lograra el título de constructores, y su compañero, el brasileño Rubens Barrichello, alcanzara la segunda plaza. Ahora todo es distinto. La dictadura de Ferrari ha pasado a mejor vida. El mayor de los Schumacher se exhibe, como ayer, para ser el tercero y Barrichello sólo se deja ver para protagonizar algún que otro estropicio, amén de ser víctima de una escena inédita en los tiempos recientes: ser doblado.

Escena inédita para la escudería Ferrari: el coche de Barrichello fue doblado

Vive el suramericano tiempos tormentosos. Y no por su original forma de conducir, siendo como es el único piloto de hoy que sólo utiliza un pie, el derecho, para acelerar o frenar. Así lo ha hecho siempre y en su mochila guarda cinco victorias. Pero en Magny-Cours le bastó una vuelta para perder todas sus posibilidades. En la curva anterior a la meta, cuando era el octavo, su Ferrari perdió agarre en las ruedas traseras y dio un par de vueltas sobre sí mismo. Ese trompo le llevó al último puesto y dejó a Alonso, séptimo.

El español había arrancado por detrás de Trulli y David Coulthard. Se fue a por este último, pero ésa fue también la intención de su compañero. No cabían los dos Renault por el pasillo derecho de la pista y Alonso tuvo que levantar el pie del acelerador tras ser cerrado por Trulli, que le mandó fuera del asfalto, a la par que no conseguía rebasar a Coulthard.

El caso es que, en la salida, no hubo más novedad que la magnífica puesta en escena de Kimi Raikkonen, que se colocó tercero tras superar al mayor de los Schumacher. Por delante comenzaron a poner tierra de por medio los Williams de Ralf y el colombiano Montoya, que acabarían firmando su segundo doblete consecutivo.

Sin más cambios de puesto que las provocadas por las entradas en los boxes, fueron pasando las vueltas. Y en la 45ª Trulli perdió dos puestos de golpe y bajó del sexto al octavo. No se había producido acontecimiento alguno, por mucho que en este circuito exista una curva, Adelaida, a la que se llega a más de 300 kilómetros por hora para reducir a 80. Pero, cuando el motor de Trulli estaba a punto de reventar, el que reventó fue el de Alonso. Miró éste por su retrovisor derecho, luego por el izquierdo y comprobó que echaba humo e iba dejando aceite quemado. Se retiró Alonso y dos vueltas después lo hizo Trulli. Renault, que ya ha anunciado que las mejoras de potencia de su motor no llegarán esta temporada, había firmado su peor actuación en el peor escenario.

Todo parecía vendido en la carrera, con los Williams en plan desfile militar, cuando un suceso lo cambió todo. Iba primero Ralf, perseguido de lejos por Montoya. Tras ellos aparecían los dos McLaren, el de Raikkonen y el de Coulthard. Acudió éste por tercera vez a los boxes y allí la armó. Hace tiempo, Coulthard definió de manera muy gráfica lo que sentía un piloto conduciendo: "Es como estar tumbado en la bañera y mover los grifos con los pies". Y así andaba el hombre cuando en la maniobra de repostaje se estropeó la manguera que escupe el combustible. Pasaron los segundos, Coulthard se impacientó y abrió el grifo derecho, el del acelerador, cuando no debía, llevándose por delante al mecánico que sujetaba el artilugio.

Tampoco le fue bien en el repostaje a Raikkonen, que vio cómo le adelantaba Michael Schumacher, que acabó, así, subido al tercer cajón del podio, tras Montoya y Ralf, la imagen final de un gran premio en el que Ferrari vivió el sacrilegio de ver a uno de sus coches doblado y en el que Renault sufrió un inesperado y doloroso siniestro total.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003