Ganador esta semana en el Campeonato de España de tenis que se disputó en Madrid, Feliciano López se configura ya como la nueva imagen de la última generación de tenistas españoles. Rompe con todos los moldes. Le gusta jugar en la hierba, ama el torneo de Wimbledon, prefiere la volea a los golpes de fondo y tiene un servicio demoledor que colocó a 212,8 kilómetros por hora en la catedral, el séptimo más rápido del torneo. Feliciano ganó en la final al manacorí de 16 años Rafael Nadal, el último descubrimiento español, que sigue la línea del toledano pero tiene una proyección incluso superior.
Por segundo año consecutivo, Feliciano alcanzó los octavos de final del torneo de Wimbledon, lo que le propulsó hasta la 50ª posición en la clasificación mundial. Ahora es el séptimo español en el ranking del ATP Tour. Y si hay que hacer caso a algunos expertos, en los próximos años puede llegar hasta el segundo puesto. Así lo definió el magnate rumano Ion Tiriac, ex representante de Guillermo Vilas, Boris Becker y Goran Ivanisevic: "Si yo fuera más joven, cogería a López y en cuestión de tres años le convertiría en campeón de Wimbledon".
Sin embargo, al margen de su tenis, lo que más vende de Feliciano es su imagen de triunfador, de chico guapo, alto, radiante, entre rubio y castaño, que encandila a las chicas jóvenes en todas las pistas del mundo. Hace sólo un mes, su cuerpo desnudo apareció en unas provocativas fotos a toda página en la revista Interviú, con una leyenda que decía: "Con este cuerpo voy a ganar en Wimbledon". Feliciano se quejó con cierta amargura por el tratamiento que había recibido. "Eso nunca lo dije", explotó, intentando huir de ese aspecto frívolo que pretenden agregar a su personalidad. "Ése no era el espíritu del reportaje", añadió.
El tema explotó en Roland Garros, donde Feliciano perdió en la primera ronda contra el argentino Mariano Zabaleta. "¡Pero si sólo enseña el culete!", comentó su novia, la salmantina María Antonia Sánchez Lorenzo, una de las jugadoras más guapas del contexto tenístico femenino español. Ella no es celosa, pero sabe que el físico de Feliciano es admirado por las aficionadas al tenis en todas las pistas del mundo en las que juega. El toledano, sin embargo, no se siente a gusto en este contexto adyacente al deporte. "Lo que yo quiero es jugar al tenis y mejorar cada día", asegura él. "Lo demás me lleva sin cuidado".
Aunque sólo tiene 21 años, Feliciano ha pasado ya por algunos momentos difíciles en su corta carrera profesional. Comenzó a jugar con su padre, militar y entrenador de tenis en la Federación de Tenis de Madrid, y luego se desplazó al CAR de Sant Cugat para ingresar en los grupos de élite de la Federación Española. Trabajó con Juan Bautista Avendaño junto al catalán Tommy Robredo. Fue finalista de la Orange Bowl a los 16 años y finalista del Europeo junior a los 18. En 2000 pareció encallarse por su falta de madurez, cuando intentando tocar con el pie el travesaño de una portería de balonmano cayó mal y se rompió la muñeca. Cuando Robredo comenzó a explotar y en 2001 entró en el grupo de los 30 mejores del mundo, el toledano estaba por encima de los 150 y todavía jugaba circuitos satélites y torneos challengers.
Pero en 2002, con la ayuda de Francis Roig y de Jordi Vilaró, puso calma en su vida, y descubrió en Wimbledon que la hierba y las pistas rápidas eran sus superficies preferidas. Llegó a los octavos de final en la catedral, a las semifinales en Buenos Aires y a los cuartos de final en Delray Beach y en Hong Kong. Y su progresión no ha parado. Esta semana, aún jugando su primer partido el mismo día que viajó desde Londres, ganó en Madrid el Campeonato de España.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003