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La estrategia de BBVA e Iberdrola condiciona el futuro de IBV

El banco y la eléctrica no contemplan nuevas inversiones, lo que paraliza a la corporación

El BBVA e Iberdrola, socios al 50% en Corporación IBV, no contemplan más inversiones en su filial, que controla diferentes sociedades, entre las que destaca Gamesa. Esta situación dificulta el crecimiento de Corporación IBV, necesitada de aumentar el tamaño de algunas de sus empresas. El BBVA exige una alta rentabilidad a las inversiones, mientras que Iberdrola está centrada en su negocio básico y en la reducción de la deuda. Según algunas fuentes, la situación se desbloquearía con la llegada de un tercer socio a IBV, una misión difícil.

El próximo 27 de julio, Corporación IBV cumplirá 16 años de vida. Desde sus inicios hasta ahora, el panorama financiero e industrial, así como las relaciones entre los socios fundadores, el BBVA e Iberdrola, han cambiado radicalmente.

El presidente del BBVA, Francisco González, ha reconocido que sus inversiones en empresas deben ofrecer una rentabilidad superior a la de la deuda pública. Estas exigencias se ven incrementadas por la llegada de las nuevas normas de capital de Basilea II, que supondrán mayor consumo de recursos propios a los bancos por estar presentes en el capital de empresas. También la nueva normativa contable internacional, denominada IAS, implicará más volatilidad en las inversiones industriales.

Por otro lado, Iberdrola está volcada en el cumplimiento de su Plan Estratégico 2006, centrado en reducir la deuda e incrementar su posición en el mercado eléctrico. Con este panorama, Corporación IBV ha quedado lejos del principal interés de los dos socios, aunque, oficialmente, ellos no reconocen ninguna "vuelta atrás o freno inversor". Ambos socios están contentos con obtener plusvalías de Gamesa, la principal sociedad de IBV, que este año tiene previsto ganar 188 millones de euros frente a los 135 millones de 2002.

Entre 2001 y 2003, BBVA e Iberdrola han ingresado en sus cuentas de resultados 150 millones de euros de plusvalías tras deshacerse del 12% del capital de Gamesa, que se ha colocado en el mercado. Los socios todavía conservan 175 millones en plusvalías latentes cada uno con el 32% de capital que tienen en Gamesa.

La familia Serratosa

El problema es que no pueden vender muchas acciones más porque bajarían del 25% de control y se aproximarían al 21,3% que tiene la familia Serratosa en Gamesa. Su margen de venta está, como máximo, en el 6% de las acciones de Gamesa, siempre que los Serratosa no decidan incrementar su participación. Los analistas reconocen que esta última venta, propiciada por el BBVA, según fuentes cercanas a la operación, se produce cuando las acciones están a bajo precio, lo que refleja la necesidad de ingresar plusvalías para reforzar la cuenta de resultados del tercer trimestre del año. Además de golosos ingresos, Corporación IBV ha sido un buen aparcamiento para las filiales de Internet de Iberdrola y BBVA, que viven malos momentos. Julián Pérez Delgado, consejero delegado de la corporación, afirma en la memoria que "sin las empresas de start-up procedentes de nuestros socios, el resultado se hubiera incrementado en más de 25 millones de euros".

Fuentes del mercado explican que "el problema de fondo es la indefinición que tienen ambos socios sobre el futuro de IBV, mientras cada uno convive con problemas diferentes en sus casas". Los expertos coinciden en que la corporación mejoraría su situación con compras que complementaran a algunas de sus filiales, como Azertia, dedicada al desarrollo de sistemas de información, o Landata, volcada en la ingeniería y la distribución de teléfonos móviles. La empresa, que conserva una liquidez cercana a los 300 millones de euros, no encuentra el visto bueno de los accionistas para realizar compras.

También existe gran coincidencia en señalar que esta situación se desbloquearía con la llegada de un tercer socio en IBV, lo que permitiría vender parte de lo que BBVA e Iberdrola controlan, además de impulsar las inversiones industriales.

Pero la misión no es fácil. En primer lugar, hay que encontrar una empresa con un perfil similar al de IBV. Además, debe estar dispuesta a comprar el 33% de las acciones de la corporación, lo que plantearía la cuestión de quién dominaría la gestión, ahora muy controlada por el BBVA. Este movimiento no parece contar con la oposición de los socios, sobre todo si el pago es en metálico y no en acciones propias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003