El año que viene no habrá danza en el Generalife (comienzan unos largos trabajos de remodelación), pero será recordada con muy buen sabor de boca esta actuación del Neederlands Dans Theater 1, con una impresionante energía y demostración de talento. Allí en La Haya también hay grandes y sensibles cambios internos en el ámbito del ballet, cediendo a una generalizada corriente internacional de renovación y de aceptación de nuevos parámetros estéticos.
La primera coreografía de Inger es la mejor muestra de ello, donde concilia un frío humor norteño con el drama hasta lograr un potente fresco de acción bailada en el que son evidentes los influyentes signos estéticos y generacionales de sus precedentes.
Neederlands Dans Theater 1
Walking mad: Johan Inger / Ravel y Pärt; Monologue, dialogue: Hans van Manen / J. S. Bach; Sinfonía de los salmos: Jiri Kilian / Stravinski. Directora artística: Marian Sarstädt. Teatro del Generalife. Granada, 5 de julio.
La segunda obra es un acierto de madurez y buen gusto e inventiva. Van Manen resume la estrecha y compleja partitura de Bach para piano en una serie de secuencias muy ligadas y de rápida dinámica; tres parejas que juegan a presencias independientes y virtuosas.
Cerró el programa la Sinfonía de los salmos, de Kilian, que data en origen de 1978 y que puede decirse que representa el decálogo estético y hasta moral de su creador, con una danza llena de evocadores y poéticos acentos donde apenas se sugiere (aun estando muy presente) lo místico. El Neederlands está lleno de caras nuevas de bailarines muy escogidos y capaces de bordar los estilos, como es el caso de Joeri de Korte en la primera obra, donde también estuvieron brillantes Lesley Telford y el vasco Urtzi Aranburu.
Volviendo al tema de la renovación en el ballet europeo, es notorio cómo la agrupación holandesa asume tales cambios: primero, la retirada de Kilian de la dirección artística, manteniéndose en un discreto plano de asesor artístico y coreógrafo residente. Por otra parte, es importante resaltar el profundo talante democrático de la filosofía básica del conjunto holandés y que debía ser ejemplo de la danza en cualquier latitud y estado: aceptar una pluralidad creativa que enseñe e ilustre la compleja realidad del ballet contemporáneo, donde no falte el nuevo aire pero con una conciencia muy especial para que se conserve el repertorio. Éste es el caso específico de Sinfonía de los salmos, una obra que nunca nos cansamos de ver, de disfrutar y de valorar en rigor su calidad coréutica.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003