Antes de comenzar la corrida se guardó un minuto de silencio por la muerte de Pepe Dominguín, último integrante de una dinastía torera que tanta gloría diera a la Fiesta. Este Dominguín, además de estar considerado como tal vez el mejor rehiletero de la historia de la tauromaquia, también tenía una pluma fina, sencilla y elocuente, y ha dejado testimonio escrito de relatos y añoranzas en torno al mundo de los toros, que guardados están en la memoria de la afición.
Después salieron los toros de Monteviejo y pudimos ver una corrida variopinta, en general mansa, con trapío y capas lustrosas, que salvo en dos ocasiones no facilitaron la labor de los toreros. No les sobraron las fuerzas a los pupilos que Victorino guarda como oro en paño y con los que está experimentando los famosos patasblancas de origen Barcial.
Monteviejo / Fundi, Ramos Núñez
Toros de Monteviejo, muy bien presentados, de juego variado, en general mansos; 1º y 5º peligrosos; 3º y 4º nobles. El Fundi: media (palmas); pinchazo hondo y estocada perdiendo muleta en la cruz (ovación con saludos). José Ignacio Ramos: estocada delantera empujando y dos descabellos (silencio); estocada caída y descabello (silencio). Rodolfo Núñez: pinchazo en hueso y estocada (ovación con saludos); dos pinchazos y estocada corta delantera (silencio) Se guardó un minuto de silencio por la muerte de Pepe Dominguín Plaza de Las Ventas, 6 de julio. Un tercio largo de entrada entrada.
El Fundi se las tuvo que apañar con un primero que echaba por los pitones chiribitas, de fondo cruel y manso, engañoso en el caballo, donde tomó dos puyazos en los que se enceló. Después, en el último tercio, hizo esgrima, avisado y montaraz. Había echado las manos por delante en los primeros lances que intentó darle y se había cruzado un par de veces cuando amagó embestir. Todo eso lo desarrolló para mal llegado el tercio de muerte, donde el Fundi estuvo lidiador y seguro ante el marrajo.
En el cuarto, El Fundi toreó bien de capa en las verónicas primeras de buenas tardes a un toro noble, que tomó dos varas en las que cumplió. Buen quite por chicuelinas muy templadas, pares de banderillas que reunió fácil y garboso, para concluir una faena de muleta de comienzos que prometían, pero que terminó a menos. Se paró el tiro tras unos primeros muletazos templadillos, en los que Fundi se fue buscando. Luego se metió entre los pitones y quiso atornillar, y sacar pases imposibles. Su estoconazo al segundo viaje en la cruz fue de nota, aunque perdiera la muleta.
A José Ignacio Ramos para abrir boca, le pusieron en mala suerte un morlaco de fuerzas no del todo correctas, manso y reservón con ideas chungas en la recámara al que lanceó de salida con buen criterio y que se coló por el pitón izquierdo con helado presentimiento. Banderilleó junto al Fundi donosa y certeramente, y luego consintió en la muleta en un par de agrias embestidas y en los arreones del buey irascible. Para terminar por mandarle una estocada de torero recio y valiente, en lo alto, al primer envite, que la prenda de saldo no se merecía. Tuvo otro regalito, el quinto, con el que estuvo digno, y que volvió a estoquear con sinceridad y valentía.
Rodolfo Núñez hubo de tomar el olivo tras perder el percal en los lances de salida a su primero. Un toro que fue bien picado por Andersón Murillo, en especial en un segundo puyazo en el que se agarró donde debe, arriba y sin alevosía. Y ese toro embistió con nobleza en la muleta, pero era menester comprenderlo, y tener un temple sobrado para llevarlo embebido y muy pulsado, algo que Núñez hizo con elegancia y hondura y corazón, pues había que esperarle y llevarlo muy lento y a compás, uno a uno y muy cruzado. Lo que el espigado torero de Villamanta hizo por el pitón izquierdo y al natural, largo, en pases empastados, podríamos decir que hasta suculentos. En el sexto, Núñez no pudo hacer demasiado ante un toro al que se le fueron las fuerzas a vete a saber dónde. Pero ahí quedan esos naturales profundos, como interminables, en la retina de los presentes que quisieran ver y paladear.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003