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Crítica:LAS VENTAS | LA LIDIA

Esos naturales largos de Rodolfo Núñez

Antes de comenzar la corrida se guardó un minuto de silencio por la muerte de Pepe Dominguín, último integrante de una dinastía torera que tanta gloría diera a la Fiesta. Este Dominguín, además de estar considerado como tal vez el mejor rehiletero de la historia de la tauromaquia, también tenía una pluma fina, sencilla y elocuente, y ha dejado testimonio escrito de relatos y añoranzas en torno al mundo de los toros, que guardados están en la memoria de la afición.

Después salieron los toros de Monteviejo y pudimos ver una corrida variopinta, en general mansa, con trapío y capas lustrosas, que salvo en dos ocasiones no facilitaron la labor de los toreros. No les sobraron las fuerzas a los pupilos que Victorino guarda como oro en paño y con los que está experimentando los famosos patasblancas de origen Barcial.

Monteviejo / Fundi, Ramos Núñez

Toros de Monteviejo, muy bien presentados, de juego variado, en general mansos; 1º y 5º peligrosos; 3º y 4º nobles. El Fundi: media (palmas); pinchazo hondo y estocada perdiendo muleta en la cruz (ovación con saludos). José Ignacio Ramos: estocada delantera empujando y dos descabellos (silencio); estocada caída y descabello (silencio). Rodolfo Núñez: pinchazo en hueso y estocada (ovación con saludos); dos pinchazos y estocada corta delantera (silencio) Se guardó un minuto de silencio por la muerte de Pepe Dominguín Plaza de Las Ventas, 6 de julio. Un tercio largo de entrada entrada.

El Fundi se las tuvo que apañar con un primero que echaba por los pitones chiribitas, de fondo cruel y manso, engañoso en el caballo, donde tomó dos puyazos en los que se enceló. Después, en el último tercio, hizo esgrima, avisado y montaraz. Había echado las manos por delante en los primeros lances que intentó darle y se había cruzado un par de veces cuando amagó embestir. Todo eso lo desarrolló para mal llegado el tercio de muerte, donde el Fundi estuvo lidiador y seguro ante el marrajo.

En el cuarto, El Fundi toreó bien de capa en las verónicas primeras de buenas tardes a un toro noble, que tomó dos varas en las que cumplió. Buen quite por chicuelinas muy templadas, pares de banderillas que reunió fácil y garboso, para concluir una faena de muleta de comienzos que prometían, pero que terminó a menos. Se paró el tiro tras unos primeros muletazos templadillos, en los que Fundi se fue buscando. Luego se metió entre los pitones y quiso atornillar, y sacar pases imposibles. Su estoconazo al segundo viaje en la cruz fue de nota, aunque perdiera la muleta.

A José Ignacio Ramos para abrir boca, le pusieron en mala suerte un morlaco de fuerzas no del todo correctas, manso y reservón con ideas chungas en la recámara al que lanceó de salida con buen criterio y que se coló por el pitón izquierdo con helado presentimiento. Banderilleó junto al Fundi donosa y certeramente, y luego consintió en la muleta en un par de agrias embestidas y en los arreones del buey irascible. Para terminar por mandarle una estocada de torero recio y valiente, en lo alto, al primer envite, que la prenda de saldo no se merecía. Tuvo otro regalito, el quinto, con el que estuvo digno, y que volvió a estoquear con sinceridad y valentía.

Rodolfo Núñez hubo de tomar el olivo tras perder el percal en los lances de salida a su primero. Un toro que fue bien picado por Andersón Murillo, en especial en un segundo puyazo en el que se agarró donde debe, arriba y sin alevosía. Y ese toro embistió con nobleza en la muleta, pero era menester comprenderlo, y tener un temple sobrado para llevarlo embebido y muy pulsado, algo que Núñez hizo con elegancia y hondura y corazón, pues había que esperarle y llevarlo muy lento y a compás, uno a uno y muy cruzado. Lo que el espigado torero de Villamanta hizo por el pitón izquierdo y al natural, largo, en pases empastados, podríamos decir que hasta suculentos. En el sexto, Núñez no pudo hacer demasiado ante un toro al que se le fueron las fuerzas a vete a saber dónde. Pero ahí quedan esos naturales profundos, como interminables, en la retina de los presentes que quisieran ver y paladear.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003