El primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, telefoneó ayer al vicepresidente de EE UU, Dick Cheney, en un intento de rebajar la tensión creada entre los dos miembros de la OTAN por la detención, a manos de fuerzas estadounidenses, de 11 soldados de las fuerzas especiales turcas en la ciudad iraquí de Suleimaniya. Anoche, los militares turcos fueron puestos en libertad. En Turquía, donde algunos periódicos contaban ayer que los norteamericanos trataron a sus soldados como si fueran "terroristas de Al Qaeda".
Fuentes estadounindenses señalaron que los soldados, aunque libres, permanecían anoche por razones de seguridad en Bagdad y que hoy por la mañana serán trasladados a Suleimaniya, aunque no está claro si podrán permanecer en Irak o deberán regresar a Turquía.
Horas antes, en Turquía, el islamista moderado Erdogan no ocultó su indignación tras la difusión de la noticia de que las fuerzas de EE UU habían capturado el pasado viernes en Suleimaniya, en el Kurdistán iraquí, a 20 turcos entre ellas 11 soldados de las fuerzas especiales. Según fuentes diplomáticas citadas por Reuters, uno de los detenidos era un coronel al que la coalición angloestadounidense que ocupa Irak ha expulsado en dos ocasiones anteriores por "actividades sospechosas". Las mismas fuentes confirmaron que se han hallado pruebas de que los turcos planeaban matar al gobernador de la provincia de Kirkuk, una de las zonas petroleras más ricas de Irak.
A pesar de ello, en una señal de buena voluntad, el Gobierno turco decretó ayer la reapertura para el paso de mercancías y personas de la frontera de Habur, la única abierta entre Turquía e Irak, que fue cerrada la víspera. Los periodistas, que no podían cruzar la frontera por ese punto desde el comienzo de la guerra en Irak, podrán hacerlo a partir de ahora. Ankara anunció también sus planes de abrir pronto un segundo paso en Ovakoy, a unos 15 kilómetros del primero.
El incidente bilateral entre EE UU y Turquía ilustra las dificultades que las fuerzas de ocupación atraviesan para normalizar la situación en Irak, ya de por sí complicada por los constantes ataques contra sus tropas.
Ayer, un soldado estadounidense recibió un disparo en la cabeza mientras conversaba con un grupo de estudiantes en la ciudad universitaria del sur de Bagdad. Murió horas más tarde. Según varios testigos, un hombre se acercó al militar, sacó una pistola y le disparó a corta distancia. El agresor huyó a pie, mientras los estudiantes, alarmados por el ruido del disparo, se esparcían por el campus. El herido fue evacuado en un helicóptero militar, pero los médicos no pudieron salvar su vida.
Las tropas estadounidenses son hostigadas casi a diario desde la caída de Sadam Husein, el pasado 9 de abril, especialmente en la zona metropolitana de Bagdad y las zonas de mayoría sunní situadas al norte y al oeste de la capital. Al menos 27 británicos y norteamericanos han muerto en los últimos dos meses, después de que el presidente George W. Bush decretase el fin de las operaciones militares de envergadura en Irak. [Las tropas estadounidenses que entraron victoriosas en Bagdad tras la caída del régimen de Sadam Husein saquearon el aeropuerto internacional de la capital iraquí, según informa la revista Time en su último número. La publicación ofrece el testimonio de varios oficiales de las fuerzas armadas de EE UU, miembros de las aerolíneas civiles iraquíes y otros trabajadores del aeropuerto que coinciden en que las tropas robaron y cometieron numerosos actos de vandalismo].
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003