Las mínimas dudas que quedaban sobre la autoría del asesino del naipe confeso, Alfredo Galán Sotillo, de 26 años, quedaron disipadas la tarde del sábado. Los laboratorios centrales de la Policía Científica, pertenecientes a la Dirección General de la Policía, han confirmado que el casquillo del calibre 7,62 milímetros Tokarev que le fue requisado en el domicilio del homicida en serie, en Puertollano (Ciudad Real), municipio en el que se entregó a la policía, había sido disparado por el arma utilizada para los seis asesinatos y los tres homicidios en grado de tentativa que se le imputan. Aparte, fuentes policiales confirmaron ayer que una testigo logró identificarle fotográficamente.
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Los agentes de Homicidios de la Jefatura Superior de Policía y de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid no podían ocultar ayer su alegría al comprobar que habían hallado la prueba pericial necesaria para inculpar a Alfredo Galán Sotillo de todos y cada uno de los homicidios que dijo haber cometido, cuando se entregó la tarde del jueves pasado en la localidad manchega de Puertollano, de donde es natural. A pesar de la cantidad de datos y de que muchos de éstos sólo eran conocidos por los investigadores, el caso sólo se podía cerrar con una prueba científica.
La policía encontró en el registro del domicilio del asesino confeso un casquillo percutido, en el que la bala no había salido de la vaina. Este hecho debió de producirse al fallar la pistola y quedar encasquillada la bala. El propio homicida se quedó sorprendido cuando los investigadores rebuscaban en el domicilio de Puertollano entre sus efectos personales y hallaron este cartucho. Se quedó pálido y llegó a decir que cómo podía haber cometido un fallo tan importante. De hecho, hace más de un par de meses se había desecho de la pistola, una Tokarev del calibre 7,62, arrojándola a un contenedor de basura en un calle de Los Claveros, cercana a su vivienda. También acabó con todos los recortes de prensa que había ido acumulando de todos los homicidios que perpetró entre el 24 de enero y el 18 de marzo. Para ello los quemó en la chimenea de su casa, según consta en la primera declaración que hizo ante los agentes en la comisaría de Puertollano.
Ese pequeño fallo se ha convertido en determinante para cerrar el caso o, cuando menos, para que no existiera la mínima duda de su autoría. El cartucho percutido fue analizado el pasado sábado por los especialistas de la Policía Científica, que lo compararon con los recogidos en otros dos crímenes, en los que el asesino no tuvo tiempo de recoger las vainas. Se trata del primero que se le imputa, ocurrido el 18 de enero en el número 89 de la calle de Alonso Cano, del distrito madrileño de Chamberí. Allí mató de un tiro en la cabeza al portero de la finca, Juan Francisco Ledesma, de 50 años. A pesar de estar dentro de la vivienda de su víctima solo con el hijo de dos años del asesinado, el homicida confeso que no recogió el casquillo, lo que se ha convertido ahora en una prueba determinante.
El segundo crimen en el que tampoco recogió los casquillos fue el perpetrado en el bar Rojas, en la calle del Río Alberche, en Alcalá de Henares, cuando mató al hijo de la dueña, Mikel Jiménez Sánchez, de 18 años, y a Juana Uclés López, una clienta de 57 años que acababa de entrar a llamar por teléfono. A ambos les asestó sendos disparos en la cabeza, lo que les costó la vida en el acto. También dejó herida grave a la propietaria del local, Teresa Sánchez García, de 38 años. Le disparó en la parte izquierda del tórax, el muslo izquierdo y la parte derecha del codo.
Cinco vainas
El asesino del naipe también salió de forma precipitada en este crimen y no recogió ningún casquillo. Los agentes de la Policía Científica y de Homicidios recogieron los cinco casquillos percutidos, que ahora han servido para la comparación pericial.
La Policía Científica efectuó el cotejo, una prueba que consiste en ver si los casquillos recogidos y el hallado en el domicilio tienen las mismas marcas, ya que cada pistola, a pesar de ser del mismo calibre y fabricante, deja unas muescas particulares tanto en la bala que sale percutida como en la vaina. En este caso, el cartucho incautado coincide plenamente.
El asesino fue conducido a las 13.30 desde la comisaría del distrito de Tetuán a Puertollano para ser puesto a disposición de la titular del juzgado número 1 de esta localidad, Isabel Sánchez, que estaba de guardia cuando se entregó Alfredo Galán el pasado jueves. El furgón policial llegó sobre las 16.20 al municipio ciudarrealense. Al bajar del vehículo llevaba el rostro cubierto con una prenda de vestir. Los policías concluyeron las diligencias a primera hora de ayer y su principal conclusión es que Alfredo Galán decía toda la verdad y había sido el autor de los seis crímenes que confesó.
La juez de Puertollano Isabel Sánchez decretó ayer el ingreso en prisión incondicional de Alfredo Galán, que abandonó los juzgados de esta localidad en dirección a la cárcel de máxima seguridad de Herrera la Mancha, en Manzanares (Ciudad Real). Tras decretar la prisión, la juez Isabel Sánchez se inhibirá probablemente en favor del juzgado de instrucción número 10 de Plaza de Castilla, por ser el que instruye el homicidio del portero de Chamberí.
El homicida confeso volvió a prestar ayer por la tarde declaración ante la juez durante tres y horas y media, durante las cuales se mostró "muy tranquilo y se ratificó en todo lo dicho anteriormente", según su abogada de oficio, Rosa María Urraca.
Ataque en Tres Cantos
Fuentes de la investigación confirmaron ayer que una testigo protegida del caso, Anahid C. R., de 27 años, reconoció sin ninguna duda, por medio de una fotografía, al asesino confeso. Esta mujer es la novia de Eduardo S. S., el estudiante ecuatoriano que recibió un disparo en la cara a las 3.00 del viernes 7 de marzo en la avenida de Viñuelas, en Tres Cantos. El criminal le pegó un tiro al varón, que cayó malherido frente al portal de su novia. Ésta logró protegerse con los brazos del ataque, a pesar de que el homicida no podía disparar contra ella: cuando iba a hacerlo se le encasquilló el arma.
Según confesó Galán en Puertollano, cree que se debió a la red que había adosado a la pistola para recoger las vainas. Antes de marcharse le dio tiempo a arrojar un naipe del dos de copas. Los investigadores buscaron entonces huellas del asesino en la carta, pero el resultado fue negativo ya que la víctima la manchó de sangre. Anahid C. R. lo reconoció sin ningún tipo de dudas, mientras que su ex compañero dijo que no sabía a ciencia cierta si se trataba de él. Los investigadores destacaron que esta reacción de Eduardo S. S. es "muy lógica", ya que tuvo menos tiempo de ver a su atacante.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003