Irak se está convirtiendo en una pesadilla para Estados Unidos. El acoso a los soldados de la coalición ocupante no cesa, con lo que el número de muertos norteamericanos y británicos en la fase de paz se equipara a los de la guerra. Mientras, en el Kurdistán iraquí se abre otro frente complicado tras la detención por fuerzas estadounidenses de una docena de soldados turcos acusados de atentar contra el gobernador kurdo de Kirkuk (donde hay una importante minoría turcomana). El incidente, pese a que el primer ministro Recep Tayyip y el vicepresidente Cheney
lo intentaran reconducir ayer, ha empeorado unas relaciones ya deterioradas antes de la guerra por la negativa turca a permitir la apertura de un frente norte desde su territorio.
Turquía tiene, legalmente, tropas en la zona desde 1996. Está claro que ahora busca prevenir todo paso hacia la indepdencia del Kurdistán.
Estados Unidos supo hacer una guerra rápida, pero no preparar la paz con la celeridad y eficacia suficientes. Bush, frenado por la pérdida de popularidad de su política, se niega a rebasar el límite de los 150.000 efectivos que ya tiene desplegados en aquel país. En consecuencia, crecerán las presiones para que los europeos contribuyan a limpiar los platos sucios que deja la mala cocina de EE UU. Aunque las fuerzas europeas, incluidas las españolas que han de desplegarse el 1º de septiembre, se enfrentan a una situación peligrosa, la pericia europea en la pacificación y la construcción de estructuras administrativas, que no en la guerra, acabará siendo útil.
A la Administración de Bush le resulta difícil encajar que, tras derrocar un régimen dictatorial, cunda entre los iraquíes la percepción de EE UU como ocupante antes que como libertador. Rumsfeld sigue negando que esté haciendo frente a una guerrilla organizada en Irak. La reacción de Bush de poner precio a la cabeza de Sadam Husein (25 millones de dólares, la misma cantidad asignada en su día a Osama Bin Laden) revela graves carencias de estrategia. Por lo demás, es improbable que el derrocado dictador dirija los focos de resistencia iraquí.
La solución temporal ha de pasar por una administración provisional que repose sobre elementos locales iraquíes, que son los que conocen los problemas de una sociedad compleja.
En las actuales condiciones resulta casi imposible organizar unas elecciones. Pero, más allá de crear un Consejo de Gobierno Provisional, formado por iraquíes para asesorar a la administración ocupante, como acepta ahora el administrador norteamericano Paul Bremer, Irak ha de entrar sin demora en un proceso preconstituyente. La idea de la ministra española de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, de usar el método de la Convención europea para preparar un borrador de Constitución -como propone en estas mismas páginas- es digna de explorarse.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003