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OPINIÓN DEL LECTOR

Sujeto indefinido

Si la democracia es la forma "menos imperfecta" de organización política de una sociedad, el diálogo entre las partes de un conflicto es la única vía legítima de resolución del mismo. Por eso antes de proponer soluciones unilaterales, es necesario definir el sujeto en cuestión, reconocer a sus miembros y establecer un diálogo entre todos éllos. El histórico desacuerdo en la definición del "sujeto vasco" ha enfrentado, ilusionado y engañado a una sociedad que exige una solución real a un problema concreto.

Para ser un sujeto territorialmente indefinido, este pueblo sin nación recibe más nombres que verdaderos nacionalismos hay en él. En Euskadi, Nafarroa, Pays Basque o Euskal Herria conviven nacionalistas vascos, regionalistas navarros, constitucionalistas españoles y franceses republicanos... Todos ellos gobiernan un trozo de tierra sin nombre, una tierra donde nadie se reconoce, nadie habla con nadie y lo que es peor, nadie habla de lo mismo. Cada "nacionalismo" conserva su cuota de poder político y el diálogo degenera en estruendosa verborrea autocomplaciente. Nadie se pone de acuerdo, no ya sobre el origen o la solución al problema vasco, sino sobre el mismo sujeto de discusión.

Para llegar a un entendimiento dialogado, primero es necesario dar un solo nombre a un problema común y proponer soluciones al mismo. Definamos un solo sujeto, reunamos a todas sus partes y concedamos a la palabra todo el protagonismo. Discutamos, dialoguemos y acordemos una vía de resolución democrática al conflicto. Y como en toda "imperfecta democracia", desde el respeto a la voluntad plural de sus ciudadanos, dejemos que un pueblo definido decida libremente su futuro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003