Hoy, siete de julio, va a ser san Fermín, en Pamplona todo el día, o al menos mientras dure la procesión. ¿Que si san Fermín existió? ¡Por el amor de Dios! Y hablando de Dios... el inconveniente que le veo a la propuesta de doña Ana Palacio (a la propuesta de meter a Dios en la cocina constituyente europea me refiero), es que Dios ya tiene su propia Carta Magna. En ella reclama, nada menos, que nos amemos como buenos hermanos. ¡No nos perdamos en sueños perfumados! ¡Si al menos consiguiéramos respetarnos como buenos paganos!
Existiese o no san Fermín, que poco importa, de lo que no hay duda es de que era incorruptible. ¡A ver si en la incorruptibilidad de san Fermín, habida cuenta de los Tamayo y demás prendas que corren por ahí, va a estar la explicación de por qué algunos concejales pamploneses demuestran tal pasión por la procesión!
Lo mismo es que los concejales marchan jubilosos a la procesión para dar fe de su devoción por la incorruptibilidad
El caso es que este año, en Pamplona, estamos en ascuas con la procesión. No sabemos si el ayuntamiento en pleno saldrá a ella por la puerta grande o por la de atrás. La puerta grande del ayuntamiento de Pamplona, en cuyo dintel se lee que "la puerta está abierta para todos, pero sobre todo el corazón", tiene insuperables barreras arquitectónicas y un concejal que ha de desplazarse en silla de ruedas, ha pedido al resto de la corporación solidaridad: ha pedido que el cortejo salga por la puerta de atrás, la que tiene rampa.
La alcaldesa va a tenernos es ascuas hasta el último minuto. No por falta de corazón, claro que no, que el corazón se lo supone la leyenda de la puerta del ayuntamiento a todos los corporativos, sino por un posible conflicto con la tradición. ¡Tradiciones! ¡Sueños perfumados!
Esperemos que el corazón de la alcaldesa entienda razones que la tradición no entiende y la corporación marche unida a la procesión. ¿Razones para que el cortejo cívico marche hacia un sueño perfumado de incienso, en el que a los corporativos les aguarda la tradicional filípica del arzobispo en pro del sentido cristiano de las fiestas?
En el caso de nuestra alcaldesa y de algún otro tecnocrático concejal de la flamante nueva corporación, las razones para marchar jubilosos al encuentro con el arzobispo están claras: comparten con la ministra Ana Palacio el deseo de meter a Dios en la cocina constituyente, e incluso los fervores por las mismas reliquias incorruptas. En otros casos se explica menos o peor. En el caso de quienes sin duda defenderán que no debe mezclarse confesión alguna con las constituciones y enseñanzas públicas, se explica mal.
Por eso digo que, en turbios días como estos, en los que por esos arrabales mesetarios circulan personajes como el tal Tamayo y la tal Sáez, lo mismo es que los concejales marchan jubilosos a la procesión para dar fe de su devoción por la incorruptibilidad. Y eso que aquí no nos consta ningún caso de corrupción.
Aquí las cosas se hacen de otra manera. En Burlada, pongamos por caso, se van a construir unos miles de viviendas. El anterior ayuntamiento, regido por el socio navarro del PP, se oponía al completo, pero el día antes del último pleno, el hombre del partido llamó al alcalde y la urbanización quedó aprobada. De las elecciones salió un ayuntamiento socialista que ha ofendido mucho a los socios del PP. ¡Por el amor de Dios! ¡Si lo que había que aprobar ya está aprobado y no queda resquicio para la corrupción!
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003