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VISTO / OÍDO

Corazón muerto

Una vez al año soy católico: el domingo anterior al 12 de julio -ayer- cuando los orangistas desfilan, calle Gargaghy abajo, sobre los católicos en Portadown, Ulster. Llevan hongo, traje negro con corbata, paraguas al costado (como los londinenses de la City), con una banda color naranja al cuello (naranja =orange), traje del poder burgués militante. Piden libertad religiosa, derechos civiles, imperio de la ley, las terribles palabras que en todo el mundo han robado, como su contenido. En este caso, a los católicos, los oprimidos, los mayoritarios con la pobreza.

Apenas les veía avanzar, decididos y dominantes, salió Bush, en uno de esos hallazgos de los informativos de televisión. Hablaba con una periodista de color, le explicaba su inquietud por África -¡pobre África!- y se explicaba sobre Irak: seguro, dijo el emperador de turno, que tenía armas de destrucción masiva y era un riesgo para Estados Unidos. Y para sus propios habitantes: se han descubierto las fosas comunes de los enemigos de Sadam, y las cárceles para niños. Pienso si estas informaciones serán tan reales como las de las armas tóxicas y biológicas. Estos tipos han acabado con la credibilidad humana: es una de sus matanzas sin sangre. Querían engañar y han conseguido confundir, incluso sobre uno mismo y sus deseos, sus ideas, las realidades que cree poseer. Decía Bush que la historia le comprenderá. Ni siquiera la frase es suya: "La historia me absolverá", dijo Castro cuando le juzgaban por el asalto al cuartel de Moncada. La historia absolverá a Bush y condenará a Castro, de una manera completamente independiente de los hechos: la historia es la obra de los que dominan el tiempo en que se escribe.

(La City: por el barrio londinense de la Bolsa y los negocios iban los caballeros vestidos así, no sé si todavía queda alguno. Así vestía el diplomático Mr. Pinsent, que me acompañó en la visita a Inglaterra a la que me invitó el Foreign Office al terminar la guerra: creían que yo les había ayudado en España).

(Guillermo de Orange: rey de Holanda, anticatólico hereditario por las luchas contra los españoles de Carlos V, fue llamado por los puritanos ingleses para invadir Irlanda. Muchos católicos huyeron de su brutalidad y de la de Cromwell (un fascista antes de la palabra); a España vino algún O'Conor, algún O'Reilly; y Kirkpatrick, y Teakglen, que aquí se pronunció y escribió Tecglen).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003