El Real Madrid, que desde hace dos días está en Hong Kong, lucha por conciliar el fútbol con las estrategias comerciales. La paradoja es que, mientras el presidente, Florentino Pérez, ha contratado un cuerpo técnico para que entrene a la perfección el aspecto físico de los jugadores, esta tarea se ejecuta en condiciones imposibles. El equipo da saltos de mata por Asia. En el periodo más importante para el entrenamiento físico, la pretemporada, los jugadores van de ciudad en ciudad, de estadio en estadio, durmiendo poco, bajo los efectos del síndrome del cambio de husos horarios y teniendo que afrontar problemas logísticos inesperados cada día. Los entrenamientos deben planificarse sobre la marcha por los retrasos de los vuelos, la distribución del material, las botas y el resto del utillaje. Muchas veces los campos son inadecuados y los jugadores sufren contracturas, como Zidane y Guti en la moqueta del Tokio Dome. A su alrededor las multitudes se hacen incontrolables y la organización, encabezada por la empresa ASD, ha impuesto compromisos que contradicen lo previsto por los técnicos. Se suceden los actos promocionales con las compañías patrocinadoras y lo que los organizadores llaman "exhibiciones". Eso es, entrenamientos abiertos al público, previo cobro.
Los entrenamientos deben planificarse sobre la marcha por los retrasos de los vuelos
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Tras la derrota ante el Juventus en la pasada Liga de Campeones, Florentino Pérez decidió rechazar la renovación de Del Bosque convencido de que no entrenaba suficientemente bien el aspecto físico. En su lugar fichó a dos técnicos con reputación científica. Carlos Queiroz, el entrenador, y, sobre todo, Walter di Salvo, ex preparador del Lazio y profesor en la Universidad de Roma. La misión de Di Salvo es conseguir que el equipo alcance el mes de marzo en plenitud y se mantenga hasta mayo. Su método se funda en estudios fisiológicos y en la especificidad de los entrenamientos. Unas prácticas se organizan según las características del puesto del futbolista, otras, según los minutos de juego que acumulen, en las filas de los titulares o los suplentes.
"Mi discurso es fisiológico", dice Di Salvo, cuyo propósito en estos días se localiza en aumentar lo que llama "la gasolina del músculo" o ATP (Andenosina Trifosfato), en los jugadores. "El músculo transforma energía química en energía mecánica", explica. "La sustancia química que se produce naturalmente en las mitocondrias es la ATP. Si aumentamos la ATP, facilitamos la recuperación y permitimos que los jugadores hagan un mayor despliegue en el terreno de juego".
"No hay ninguna sustancia artificial que pueda aumentar el ATP", asegura Di Salvo. "El dopaje puede aliviar el cansancio o aumentar la fuerza muscular. Pero nunca aumenta la ATP". Para estimular esta segregación, el italiano ha medido la resistencia de los jugadores con pulsómetros. Los datos se procesan en ordenadores con la ayuda de Luis Serratosa, médico fisiólogo del Madrid. Según los resultados, el preparador diseña carreras adaptadas a cada jugador, para que cada uno se esfuerce a una velocidad y a unas pulsaciones tales que rocen el cansancio muscular, que se relaciona con el momento en que se dispara el ácido láctico. "El fútbol requiere esfuerzos intermitentes y durante 90 minutos tienes que tener una resistencia muy alta a la velocidad", explica. "Esto se puede entrenar con la potencia aeróbica: en carreras de 1.000 metros para abajo".
"Si ves el trabajo del Juventus, compruebas que consiguen una diferencia", dice Di Salvo. "Allí, si un jugador se niega a seguir el programa de entrenamientos físicos, se le multa con 100.000 euros. La consecuencia es que ningún jugador se queja. Y no es que me guste el fútbol italiano. Es demasiado brusco. Pero hay otra cultura del trabajo".
Di Salvo es un especialista de los entrenamientos en piscinas, y un firme partidario de las rotaciones para administrar la plantilla. Y es meticuloso, sobre todo, con los suplentes. Tanto que durante el amistoso del Madrid en Tokio hizo entrenar a los siete futbolistas que no jugaron. Primero los llevó al gimnasio del estadio y, mientras los otros recogían el trofeo, les hizo correr series de 70 metros bajo la lluvia. "Esto hay que hacerlo", explica. "Porque en la temporada, cuando haya dos partidos por semana, puede que de siete días de trabajo, haya jugadores que en tres no hagan nada. Si lo hacen durante meses, la forma cae en picado y cuando los necesitas están muertos".
La preparación física del Madrid se ha planificado al detalle, pero no el viaje por Asia. La humedad y el calor tropical de Hong Kong, en el mediodía de ayer, forzó cambios. El preparador de porteros, por ejemplo, rebajó la intensidad de los ejercicios porque vio que Casillas, César y Sánchez se asfixiaban. Mientras, en el campo, había 30 niños esperando hacerse una foto con Beckham. De vez en cuando, algún espectador se lanzaba a la carrera en pos de un autógrafo del inglés, que descansaba tendido en el césped. A su alrededor los guardas de seguridad corrían detrás de los espontáneos. Y los de seguridad hacían placajes a troche y moche mientras fanáticos y jugadores se mezclaban en un caos. En suma, la particular pretemporada del Madrid.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003