Un nuevo escándalo financiero ha puesto bajo sospecha a los clubes, la Federación y los organismos de control del Calcio. Franco Sensi, presidente del Roma, amanecía el martes con la noticia del Corriere della sera: los avales presentados el 28 de julio, obligatorios para inscribirse en la Liga, son falsos.
Los documentos presentados por el Roma, el Nápoles y el Cosenza (de la Serie B) y el Spal (de la C-1), tenían algo en común. Una empresa llamada SBC, con un capital social de 500.000 euros, avalaba un total de 30 millones de euros en nombre de estos clubes. Los avales aparecen firmados por Cynthia Ruia, administradora de SBC, y con fecha 28 de julio. El problema es que la señora Ruia había presentado su dimisión el 18 de abril, y con una firma totalmente distinta. El presidente de SBC, Franco Jommi, mantiene que "jamás ha tenido relación con el deporte".
La Fiscalía de Roma inició ayer una investigación por "falsedad en actos privados y estafa". Tras registrar las sedes de los clubes, comparecieron varios directivos del Roma, que acusan a tres miembros del Covisoc -órgano de vigilancia de los clubes del Calcio- de "recomendarles" la intermediación de SBC como solución para ingresar en la competición. Un procedimiento y unos avales que debe controlar la misma Covisoc.
El presidente de la Federación Italiana, Franco Carraro, pretende convocar una asamblea extraordinaria de los clubes el 28 de agosto, sólo tres días antes del inicio del campeonato de Liga.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003