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OPINIÓN DEL LECTOR

Madrid invivible

Dicen las malas lenguas que Madrid es invivible, y ello no sólo por la densidad del tráfico, el estrés y el mogollón constante, sino porque vivir, físicamente, en la "capi" resulta del todo inalcanzable para el común de los mortales. Todo se resume, dicen los técnicos, en un problema de oferta y demanda.

Los aspirantes a vivir en la urbe buscan ofertas inexistentes, del tipo "apartamento de 40 metros cuadrados, a 10 minutos del centro, a 6.000 euros el metro cuadrado". Y es que la gente es cada vez más exigente. No se conforman con vivir en la ciudad más importante de España, centro del arte y la cultura, epicentro musical y de tendencias de la moda; ¡además, quieren tener transporte público a la puerta de casa!

Sin embargo, a nadie se le escapa, o al menos así debería ser, que los hay que compran pisos como inversión. Sí, sí, me contaba indignado un amigo, que en Madrid hay cerca de un 40% de viviendas deshabitadas, no vaya a ser que el inquilino se transforme en anélido y tome el patrimonio como manzana, dejando el piso con bicho y la plusvalía convertida en migajas.

Ciertamente, es un problema que las ciudades se extiendan en forma de mancha de aceite, pudiendo hacerlo cual helado sobre un cucurucho, en vertical sobre el mismo centro. Pero está claro que mientras existan intereses, "Tamayos" y "Saezes", y otros peces tratando de alcanzar talla de tiburón; casarnos, no por amor, sino porque dos sueldos es la única forma de pagar una hipoteca de 40 kilos, será nuestra única salvación.

Por eso, no os sorprendáis si algún día oís, durante la ceremonia de un colega: "Y tú, Jacinto, ¿tomas esta hipoteca por legítima esposa y prometes pagarla y amortizarla mes a mes hasta que cumplas los sesenta?". ¡Glup!, eso sí que es una señora esposa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003