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COLUMNA

Cuando aprieta ¿el calor?

Qué canícula. Estamos que ardemos. Hacía 75 años que no ardíamos tanto. Y se nota. Me refiero a que no estamos preparados. Parece como que nos echa humo la cabeza, lo que indicaría que la tenemos llena de paja si no fuera porque echamos malos humos. Y eso sólo puede venir de que la hemos perdido. El calor es lo que tiene, enardece o excita por no decir que enciende. Así se explica que en el rancho de Bush estén como están con ese obispo gay que tienen. Aquí sólo tenemos obispos guays, será porque obedecemos a otro Dios pues al fin y al cabo no somos protestantes. Un tal Blázquez fue incapaz de acompañar a su subordinado de Maruri en la misa de despedida. Su colega Uriarte no estaba obligado a tanto, obligado por la compasión u otra obra de misericordia, claro, pero fue incapaz de acordarse de su vecino perseguido pese a tener cabeza para tirarle de los bigotes a Aznar en el día santo de Guipúzcoa.

Y es que es mucha iglesia, la del pontífice Ibarretxe. Tanta que los obispos parecen sacristanes. O al revés. Así, el inefable Olabarria anda que se frota las manos con todo lo que Aznar se mete con ellos porque sabe que de esta manera se agudizan las tensiones entre PP y PSOE. Resulta curioso que lo que más le agrade es que así se romperá a medio plazo el pacto antiterrorista. ¿Tendrá algo contra la eficacia frente a ETA? Más modosito, Urkullu se alegra de los nuevos planes autonómicos del PSOE porque así se quita de un abrazo de oso -qué raro, si Aznar parece más bien un peluche...-, circunstancia que le abrirá algunas perspectivas que sólo él conoce porque lo que es el proyecto autonómico en sí le parece "más café para todos".

Pero además descafeinado, tanto que no puede hacerle sombra, lo que sería de agradecer con tanto calor como hace. Pero desde el PSE y PSOE lo ven de otra manera, el calor, no, el Estatuto. De hecho lo ven como el sol que más calienta y eso en pleno verano no puede sentar bien. Ponerse en plan tan autonomista cuando se nos viene encima el verdadero Plan no parece que lo sea, plan. Primero porque no va a frenarlo, se equivoca Rojo cuando entiende expresar -qué calor- al rojo vivo un sentir mayoritario en su partido, el de que es la intolerancia de Aznar la que está haciendo más nacionalista al nacionalismo, tanto que quiere salirse del termómetro, digo del marco. Y se equivoca porque al nacionalismo le mueven sus propios objetivos, en concreto los que se cocieron en Lizarra después de que firmara aquella receta con ETA. ¿O era un compromiso?

Sólo un fracaso en las urnas puede rebajarle los humos. La cosa está en saber si ese fracaso se producirá debido a las dificultades que le puede causar su propio maximalismo y que sobrevendrían al no acabar de atraerse a los restos de Batasuna, pese a tanta concesión y tanta bajada de pantalones -¿o será el calor?-, y al espantar a muchos del 45% de autonomistas que tiene en sus propias filas. Más arriesgado parece apostar por atraerse a ese sector al socialismo, único objetivo de la tremolina autonomista que le ha entrado a Ferraz. Bueno, ése y ganar las generales tras ganar las catalanas. Cierto, hay muchos que votan nacionalismo sin ser nacionalistas y que podrían verse tentados por un poco de aire más vasco, sobre todo con el calor que hace, pero ¿serán tantos como para compensar las pérdidas que pueda producir semejante ventolera?

Una cosa está clara, el nacionalismo no tiene ideas, las comulga. Es una cuestión de fe, sentimientos comunitaristas y creencia en un paraíso patriótico en la Tierra, es decir, una forma de ser, de nacerse y de entroncar con los enterrados, y eso no lo quitan ni el calor ni la lejía autonomista. Pero bueno, ellos sabrán, me refiero a Zapatero y López, si han calculado bien la relación riesgo-beneficio. Lo que resulta un sarcasmo del peor gusto es que el amigo Blanco se ponga al rojo ídem para decir que llevan adelante el proyecto autonomista porque es un compromiso que contrajo Redondo con sus electores. A lo mejor no se acuerda cómo le arrojaron por la ventana. Cosas del calor, abres la ventana para establecer una corriente y aprovechas para tirar al gato. Digo al oso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003