E l escenario quedó a oscuras. El público dudó. Pero tras tres segundos de silenciosa incertidumbre atronó una intensa ovación en el auditorio de los jardines del castillo de Peralada (Girona). Una ovación rendida y calurosa para una entusiasta interpretación y para la música de la compositora estadounidense Bernice Johnson Reagon (Albany, Georgia, 1942), repleta de bellas melodías y ritmos contagiosos, con la que viste de gospel, espirituales negros, toques de
blues y funk la más compleja y misteriosa de las obras de Gustave Flaubert (1821-1880), La tentación de san
Antonio, convertida aquí en una ópera gospel. Tal es el calificativo con el que se presenta este montaje, el último del polifacético artista estadounidense Robert Wilson (Waco, Tejas, 1941), que anteanoche tuvo su estreno español en el Festival de Peralada y que se podrá ver el próximo domingo en el Palacio de Festivales de Santander. Un montaje que el director teatral viste hábilmente de luz y color, pero en su empeño por traducir escénicamente la obra de Flaubert sucumbe ante la irresistible fuerza de la música.
La música compuesta por la estadounidense Bernice Johnson Reagon está repleta de bellas melodías y ritmos contagiosos
Llevaba Wilson más de dos décadas dándole vueltas a La tentación de
san
Antonio, de Flaubert -una obra a mitad de camino entre la novela, la obra de teatro y el diálogo filosófico-, para convertirla en un montaje teatral. No alcanzaba, sin embargo, a hallar la fórmula para subir a escena el complejo relato en el que el autor francés invirtió más de 20 años para convertir la vida del santo, figura arquetípica del monje eremita en lucha constante para alcanzar la perfección ascética -en las últimas páginas del libro el monje quiere ser el universo mismo-, en el paradigma del artista que vive de sus visiones y queda atrapado en el intangible mundo de la inspiración.
Finalmente, el director teatral creyó hallar la fórmula cuando se cruzó en su camino la compositora, cantante y activista por los derechos de los negros Bernice Johnson Reagon. De su unión ha surgido esta ópera gospel, que más que ópera (en estricta terminología de música clásica debería calificarse de oratorio) es realmente un musical. Musical cuya partitura, trenzada de forma impecable por Johnson Reagon con un ramillete de bellas melodías y contagiosos coros interpretados con pasión por 21 cantantes e instrumentistas negros, deja en un segundo plano el relato de Flaubert y el empeño de Wilson por traducirlo escénicamente.
Pese a su belleza, las imágenes teatrales no llegan al público con la misma intensidad que la música y la alquimia falla. La caligrafía escénica de Robert Wilson está allí, la música de Johnson Reagon también, pero sobre la escena la suma de los dos elementos no es uno, que éste debería ser el resultado correcto, sino dos. Y así la música y los ritmos se apoderan del escenario y Wilson cede, generoso, ante la fuerza del gospel y deja libertad a los intérpretes para exteriorizar, con movimientos y danzas, los temas más rítmicos.
El resultado es un recital de espirituales negros y gospel ilustrado por imágenes marca Robert Wilson, que tratan de narrar una historia, la del santo, que buena parte del público no comprendió ante la ausencia de sobretitulados y la imposibilidad, sin una pizca de luz, de seguir la traducción de las canciones impresa en el programa de mano.
Prolífica materia de estudio
"Tiene la firma de los grandes artistas". Así define la escritora estadounidense Susan Sontag a su compatriota Robert Wilson. Hombre polifacético y artista total, Wilson está considerado como uno de los más destacados e influyentes directores de teatro experimental del último tercio del siglo XX y su trabajo se ha convertido en prolífica materia de estudio. Son ya más de quinientos los volúmenes que se pueden hallar en el mercado, escritos por él y por otros autores, que tratan sobre su labor en el mundo del teatro, la música, el cine, el vídeo y las artes plásticas.
La editorial Polígrafa de Barcelona ha publicado recientemente en su Colección 20-21, dedicada a artistas que han desarrollado su trabajo desde la década de 1960, una extensa y profusamente ilustrada monografía de Miguel Morey y Carmen Pardo sobre los montajes teatrales de Robert Wilson, desde su primer trabajo en 1964 en un espectáculo de danza hasta su producción de la ópera Osud
de Janácek, en abril de 2002, para el Teatro Nacional de Praga.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003