Lo extraordinario de La
fiesta, la película con la que debutan como guionistas y directores Manuel Sanabria (Madrid, 1975) y Carlos Villaverde (Leicester, 1975), es que se ha rodado con una sola cámara de vídeo, durante sólo 15 días, en un piso de estudiantes realquilado y cuyo coste fue de 6.000 euros.
Una vez conocidos estos datos se aprecia mucho más esta película, una comedia juvenil llena de enredos amorosos y personajes arquetípicos, que se estrena hoy con distribución de la multinacional Buena Vista Internacional, que ha "redondeado" el exiguo presupuesto de manera considerable -con 160.000 euros de posproducción- con el pase del filme de vídeo a película, una nueva sonorización y una gran campaña de promoción. "Prefiero no saber cuánto ha costado al final, pero en cualquier caso sigue siendo un presupuesto muy pequeño, casi un 7% de lo que cuesta una película normal en España", comenta Manuel Sanabria, que, junto a su colega, lamenta la falta de riesgo y profesionalidad de las productoras españolas que no tuvieron ni el mínimo interés en ver el vídeo del filme "porque decían que no era el procedimiento adecuado".
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La fiesta narra la historia de tres estudiantes -Javi (Raúl Prieto), Chemita (Juanjo Rodríguez) y su prima Luna (Norma Ruiz)- que comparten piso en Madrid y deciden organizar una fiesta un fin de semana. Se apuntan el novio del pueblo de Luna, papel interpretado por David García, Tripi, un ex compañero de piso al que da vida César Camino, y Trini, una amiga interpretada por Alexandra Jiménez. A partir de ahí se suceden amores, celos, payasadas, borracheras, sexo, pastillas... "En cierta manera la película es la autobiografía de una generación", comenta Carlos Villaverde. "Conocemos la experiencia de un piso de estudiante universitario en España y en el guión condesamos muchas anécdotas propias y de otra gente". El tipo de público al que va destinada la película, reconocen, son jóvenes de entre 18 y 23 años, "pero estamos orgullosos de que lo ve gente de edades muy distintas y la disfruta porque consideran que es una realidad cercana a lo que están viviendo sus hijos".
Los actores, para los que también fue su primer largometraje y que reconocen tener la expectativa de que éste les sirva de trampolín, son también alumnos de escuelas de cine que aceptaron trabajar gratis a cambio de un hipotético porcentaje de las ganancias. "Confiamos en que al final todo el mundo cobrará porque nadie tendría que trabajar gratis", indica Sanabria, que añade que ya están trabajando en el guión de su segunda película, que tendrá como protagonista una banda de rock.
Entre las referencias cinematográficas de los directores figuran Kevin Smith y el cine americano de los ochenta. "En la escuela de cine éramos bichos raros y aguantamos mucho menosprecio porque lo que se llevaba era Kiarostami, y a nosotros nos interesaban Spielberg o Cameron", afirman.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003