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Crítica:CÁMARA OCULTA | CINE

Secretos y mentiras

El crepúsculo de los dioses no comenzaba en sus orígenes con el cadáver de William Holden, que flotando en la piscina nos contaba su vida en off. Lo que el genial Billy Wilder filmó y presentó por primera vez al público fue algo aún más arriesgado, que involuntariamente hizo partirse de risa al respetable. La película arrancaba en la morgue, donde diversos cadáveres hablaban entre sí contándose sus cuitas (hasta un deportista preguntaba por el resultado del último partido de su equipo) y era allí donde el guionista de cine interpretado por Holden explicaba a los demás muertos que había sido asesinado por una vieja estrella del cine mudo. Esa peregrina secuencia inicial pareció ridícula a los espectadores, y Billy Wilder se vio obligado a reemplazarla por la espléndida que ahora conocemos.

Éste es uno de los secretos que pueden descubrirse con la edición en DVD de viejos clásicos. Y no tan viejos. Hasta el primerizo Fito Páez muestra en DVD que la protagonista de Vidas privadas no moría, tal como vimos en la versión presentada en los cines: se vio obligado a "matarla" por presiones del equipo. También Hitchcock había pensado otro final para Vértigo, pero al ser testigo de la fría reacción del público cuando la estrenó en el Festival de San Sebastián, decidió amputarlo. Y en Casablanca, filmada como se sabe sin un guión definitivo, había secuencias que desaparecieron en el montaje final para no alterar el ritmo narrativo. Ahora podrán verse en la nueva edición en DVD que nos anuncian. Esta versión íntegra de Casablanca va a ser presentada dentro de unos días en sesión extraordinaria en el Lincoln Center de Nueva York.

Así pues, hay productores que han encontrando un nuevo filón en la explotación comercial de sus películas. No sin cierto cinismo, ya que en su día no les tembló la mano para desautorizar a los directores obligándoles a cortes o añadidos. Lo que no sabemos es si a directores como Wilder, Hitchcock o Curtiz les hubiera gustado que conociéramos sus secretos. Da igual: al olor de nuevos ingresos, los productores nos venden como hallazgo propio el llamado director's cut. Y algunos se pasan. Basta una sintonía musical distinta en los títulos de salida para colocarnos lo que califican pomposamente como "versión íntegra". Ocurrió, por ejemplo, hace pocos años con Lawrence de Arabia: al parecer, David Lean hubiera preferido otra música para acompañar la larga e innecesaria retahíla de nombres de técnicos con que acaban ahora todas las películas del mundo. Esa simple disculpa musical fue suficiente motivo para hacernos pagar una nueva entrada.

Pelillos a la mar. Unas por otras, bienvenidas sean estas diferentes versiones de películas clásicas, pero atención con lo que nos venden en DVD. Hay marcas distribuidoras que no tienen reparos en vendernos copias deficientes, rayadas, sin subtítulos, o sin respetar el formato original. No tengamos piedad con ellas: a la primera estafa, anotemos el nombre de la distribuidora delictiva en una lista negra. Cruz y raya.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003