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Crítica:CINE

Amor e investigación

Llega con retraso, pero no es extraño: una producción alemana de un director que, a pesar de sus casi veinte años como realizador, jamás estrenó en España y con actores que, con la excepción de Götz George, el protagonista (que conocemos de Rossini), nada dirán al público hispano, explican el porqué de su no comparecencia hasta la fecha. Pero nunca es tarde. Con su aire de desolada peripecia vital, su terminal historia de amor y una investigación llena de perspicaces vueltas de tuerca, Solo para clarinete es merecedora de mucha mejor suerte de la que ha tenido hasta la fecha.

Basada en una novela estadounidense, I, Anna, de Elsa Lewin, a la que cambia el punto de vista narrativo -aquí quien conduce la acción es el derrotado inspector Kominka (George)-, el filme de Hofmann juega con algunos de los más queridos elementos del cine negro: la nocturnidad, unos seres pesimistas que parecen estar de vuelta de todo, las dudas profesionales de un policía que es un perro viejo; un crimen nauseabundo que, no obstante, lo es menos que la errática moral del asesinado. Todo esto lo va descubriendo, y padeciendo, Kominka mientras a su alrededor su universo familiar cae en imparable decadencia: un hijo con minusvalía psíquica con el que mantiene una tensa relación, una mujer sobreprotectora que optará por su vástago, un cuñado despótico que, para colmo, es su jefe...

SOLO PARA CLARINETE

Dirección: Nico Hofmann. Intérpretes: Götz George, Corinna Harfouch, Tim Bergmann, Barbara Auer, Tobias Schenke. Género: criminal, Alemania, 1998. Duración: 95 minutos.

Con estos elementos y con un guión con algunas lagunas, Hofmann construye una ficción con un tempo propio de un autor europeo pero con suficientes guiños al thriller clásico como para hacer de él una recomendación segura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003