El extranjero perspicaz apreciará que los verbos ser y estar son los más trabajadores del idioma español. Su fama de copulativos (característica que viene a ser el equivalente de la promiscuidad entre mamíferos) les precede. Si, en algunos momentos, a los indígenas ya les resulta complejo distinguir si son o están, es lógico que el hispanófilo diletante también dude. La posibilidad de elegir propicia un error habitual entre los que se lanzan, con o sin red, a hablar la compleja lengua de Cervantes o de Ozores. Si el visitante observa con atención, se dará cuenta de que existen diferencias entre ambos verbos. Por ejemplo: no es lo mismo ser bueno que estar bueno, aunque ambas circunstancias puedan darse en una misma persona (se me ocurren algunas, pero o están casadas o son gays). Conviene, pues, practicar sin complejos, y, como el jugador novato que, ante la ruleta, sólo se atreve a apostar por negro o por rojo, ir probando si la solución adecuada pertenece a la familia Ser o a la familia Estar. En principio, parece claro que ser es una actividad más esencial, mientras que estar depende de azares espacio-temporales. Es más: en ocasiones puede parecernos que estamos, pero estar, lo que se dice estar, no es que estemos mucho que digamos (ejemplo: España está en Europa, pero ¿es realmente europea?)
La frase que mejor expresa esta dualidad conceptual es: "Ni están todos los que son, ni son todos los que están". Sobre el origen del aforismo se ha escrito mucho, así que, para abundar en la vieja tradición periodística del plagio, me limitaré a repetir lo leído. La frase procede de una cuarteta de Campoamor y aparece en su comedia Cuerdos y locos. La pronuncia el inquilino de un manicomio: "Pues, como dicen el refrán,/ en esta santa mansión/ ni están todos los que son,/ ni son todos los que están". Cabe la posibilidad de que Campoamor no hiciera otra cosa que oficializar lo que ya era un dicho popular referido a la cantidad de chiflados que circulaban por las calles de su época. Por cierto: no sé cómo podrá traducirse al inglés, ya que, con un extraordinario sentido del pragmatismo, ellos decidieron que su ser y su estar estuvieran representados por un mismo y todopoderoso verbo: to be. Aquí, en cambio, existe cierta competencia entre el ser y el estar. No en vano el primero ejerce de auxiliar en la conjugación de todos los verbos a la voz pasiva, que se dice pronto. Y esto, quieras o no, te acaba influyendo, que una cosa es ser copulativo y otra ser de piedra. Llega un momento en el que, quieras o no, te lo empiezas a creer. Otros verbos te saludan por la calle, algunos incluso quieren acostarse contigo y te sacan la lengua en plan lascivo, y es comprensible que, así las cosas, cuando te mires al espejo acabes pensando: "Me cachis que guapo soy" o, si perteneces al sector crítico del estar, "Estoy cañón"..
Ejercicio del día: Practique la primera persona del presente del verbo ser cantando las canciones Soy rebelde, Yo soy aquél negrito, Soy minero y Yo soy aquél. Saboree sus matices gramaticales y analice su contenido: son un resumen delirante de la historia de España de los últimos cincuenta años.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003